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Acuerdo político para ordenar el PJ

Tras varios días de negociaciones reservadas, el gobernador Axel Kicillof y Máximo Kirchner alcanzaron un acuerdo para encabezar una lista de unidad que redefine el equilibrio interno del peronismo bonaerense.

Acuerdo político para ordenar el PJ

El Partido Justicialista bonaerense formalizó este fin de semana una lista de unidad que busca dejar atrás semanas de tensión interna y ordenar la conducción política del espacio. El acuerdo posiciona al gobernador Axel Kicillof al frente del partido, mientras que Máximo Kirchner continuará al mando del Congreso partidario, en un esquema que combina gestos de cohesión con un delicado reparto de poder hacia el futuro.

La definición no fue inmediata ni sencilla. Las conversaciones se extendieron durante varios días y se desarrollaron con extrema reserva, a través de dirigentes de confianza de ambos sectores. Si bien el diálogo estuvo delegado, las decisiones clave fueron monitoreadas de cerca por Kicillof y por Cristina Fernández de Kirchner, quienes funcionaron como instancias finales de validación de cada avance.

El entendimiento comenzó a tomar forma cuando Máximo Kirchner habilitó la posibilidad de que el gobernador asumiera la presidencia del PJ provincial. La propuesta no se dio en un contacto directo, sino que fue transmitida mediante referentes con vínculo fluido con el Movimiento Derecho al Futuro, el espacio político que respalda a Kicillof. A partir de ese gesto inicial, se abrió una etapa intensa de negociaciones que se prolongó durante casi una semana.

En esa mesa participaron dirigentes con peso territorial y recorrido político. Por el lado del gobernador intervinieron la vicegobernadora Verónica Magario, el ministro de Infraestructura Gabriel Katopodis y el diputado Mariano Cascallares. Desde el sector que responde a La Cámpora participaron los legisladores Facundo Tignanelli y Alejandro Dichiara, junto al intendente de Lomas de Zamora, Federico Otermín. Todos ellos actuaron como enlaces, con consultas permanentes a las máximas referencias del espacio.

El principal punto de fricción apareció en la definición de la vicepresidencia primera del partido. Ese lugar concentró la disputa más fuerte, ya que ambos sectores lo consideraban estratégico dentro del esquema de conducción. Finalmente, el cargo quedó en manos de Verónica Magario, una de las figuras de mayor confianza de Kicillof y pieza clave en su armado político. La segunda vicepresidencia fue asignada a Otermín, un dirigente del kirchnerismo con buen diálogo con el Ejecutivo provincial.

El reparto de cargos buscó reflejar un equilibrio que evite lecturas de vencedores y vencidos. En el peronismo bonaerense entienden que la unidad alcanzada es, ante todo, una respuesta política a un escenario nacional adverso y a la necesidad de mostrar orden interno. En ese sentido, el acuerdo apunta a cerrar una etapa de internas prolongadas que desgastaron al espacio y limitaron su capacidad de acción.

Desde el entorno de Máximo Kirchner remarcan que la decisión de avanzar hacia una lista única responde a una estrategia sostenida de priorizar la cohesión del peronismo. La idea de evitar disputas estériles y concentrar esfuerzos en la construcción política fue uno de los argumentos centrales durante las conversaciones, especialmente frente a un contexto de fuerte confrontación con el gobierno nacional.

Por estas horas, aún resta definir el ordenamiento final en las secciones electorales, un punto que también genera expectativas hacia adelante. La proyección que manejan en el partido es avanzar hacia una distribución equitativa de los espacios, con un esquema de paridad entre los sectores que forman parte del acuerdo. Esa definición podría terminar de cerrarse en los próximos días y será clave para medir el alcance real de la unidad alcanzada.

Más allá de los nombres y cargos, el acuerdo marca un punto de inflexión en la dinámica interna del PJ bonaerense. La convivencia entre el liderazgo institucional del gobernador y el peso político del kirchnerismo busca ofrecer una señal de estabilidad y previsibilidad, tanto hacia adentro del partido como hacia el electorado.

La nueva conducción tendrá por delante el desafío de traducir ese entendimiento en una estrategia política común, capaz de ordenar la vida partidaria y proyectar una alternativa competitiva. La unidad, sellada tras días de rosca silenciosa, aparece así como un punto de partida más que como una meta cumplida.

 


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