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Basta de tortura sonora: Los salteños podrán descansar del avión de Olmedo

El cielo salteño vuelve a ser de los salteños. Y, por una vez, no tendrá que votar amarillo para disfrutarlo.

Basta de tortura sonora: Los salteños podrán descansar del avión de Olmedo

Después de años de padecer una de las formas más rudimentarias de tortura electoral, los salteños están a punto de recuperar un derecho elemental: la tranquilidad de sus oídos. El Concejo Deliberante de Salta aprobó una ordenanza que prohíbe las emisiones sonoras desde aeronaves con fines políticos, publicitarios o promocionales. Una decisión que llega tarde, pero que al menos permitirá jubilar una de las campañas más insoportables de la historia política provincial.

La iniciativa, impulsada por el concejal Gustavo Farquharson, apunta a combatir la contaminación acústica provocada por avionetas equipadas con altoparlantes. El edil explicó que la norma no pretende meterse con la aviación ni con las rutas aéreas, competencias que corresponden al ámbito nacional, sino ponerle un límite a quienes consideran que el espacio aéreo es una extensión de sus propias tribunas electorales.

Durante años, Alfredo Olmedo y su célebre aparato volador convirtieron el cielo salteño en una gigantesca repetidora de propaganda política. «Vote sencillo, vote amarillo. Olmedo gobernador», retumbaba desde las alturas, como si la ciudadanía no tuviera suficiente con soportar las promesas de campaña en tierra firme. Una insistencia que, por su frecuencia y persistencia, bien podría haber sido incorporada a los manuales de tormento psicológico.

Ahora, la ordenanza busca ponerle fin a semejante privilegio acústico. Según Farquharson, el propósito es regular el ruido generado por publicidad política, eventos artísticos e institucionales, una medida que apunta directamente a proteger la calidad de vida de los vecinos.

El dato político, por supuesto, no podía faltar en esta tragicomedia salteña: la mayoría de los concejales libertarios intentó abstenerse de votar, pero el resto del cuerpo legislativo les negó esa posibilidad. Una escena que deja abierta una pregunta bastante incómoda: ¿también querían abstenerse de escuchar el avión o solamente de aprobar la ordenanza que finalmente permitirá silenciarlo?

En cualquier caso, Salta podría despedirse de una de sus más persistentes pesadillas electorales. Después de años de propaganda aérea, el progreso finalmente llegó en forma de silencio. Y aunque todavía queda mucho por hacer para que la política deje de atormentar a los ciudadanos, al menos ahora habrá una avioneta menos dispuesta a recordarles quién pretende gobernarlos.

El cielo salteño vuelve a ser de los salteños. Y, por una vez, no tendrá que votar amarillo para disfrutarlo.

 


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