Las apuestas con dinero se transformaron en una de las principales conductas de riesgo entre los adolescentes de Salta. Según un relevamiento nacional sobre consumo en estudiantes secundarios, el 27,6% de los jóvenes de la provincia reconoció haber apostado durante el último año, una cifra que representa a más de 22.000 estudiantes.
El avance del juego, especialmente en plataformas digitales, ubicó a las apuestas en el tercer lugar entre los consumos más frecuentes de los adolescentes salteños. Solo quedaron por detrás del alcohol, con el 61,2%, y las bebidas energizantes, con el 46,9%.
El crecimiento de esta práctica marca un cambio en los hábitos de los jóvenes, ya que las apuestas presenciales y virtuales alcanzaron un 20,1% de participación y superaron a otros consumos como los vapeadores, con el 25,5%; el tabaco tradicional, con el 22,3%; y la marihuana, con el 10,3%.
Uno de los principales factores que favorecieron esta tendencia es el acceso temprano a la tecnología. La disponibilidad de teléfonos celulares, el uso extendido de billeteras virtuales y la presencia constante de publicidad de sitios de apuestas en redes sociales facilitaron el contacto de los adolescentes con estas plataformas.
El inicio de la actividad suele darse entre los 13 y 14 años, una etapa en la que muchos jóvenes todavía se encuentran desarrollando herramientas para manejar riesgos asociados al juego con dinero. La posibilidad de apostar desde un celular, con pocos pasos y sin necesidad de concurrir a un lugar físico, incrementó la accesibilidad.
El fenómeno también genera preocupación por sus posibles consecuencias. Entre los adolescentes consultados, un 12% manifestó haber adquirido deudas vinculadas a las apuestas, mientras que cerca del 70% indicó haber atravesado situaciones como ansiedad, problemas de sueño o dificultades en el rendimiento escolar.
En Salta, especialistas y organismos vinculados a la prevención de consumos problemáticos advierten sobre la necesidad de reforzar la información y el acompañamiento familiar frente a una práctica que creció con rapidez en los últimos años.
El desafío está puesto en detectar a tiempo las señales de una relación problemática con el juego y promover un uso responsable de la tecnología, especialmente entre los adolescentes que encuentran en las apuestas digitales una actividad cada vez más cercana y accesible.