La mayoría de las personas mayores de 60 años no piensa en quedarse al margen de la actividad laboral. El 85% de quienes tienen entre 61 y 70 años asegura que quiere seguir trabajando, emprender o impulsar nuevos proyectos, en una muestra que refleja el cambio en la forma de vivir la etapa posterior a la edad tradicional de retiro.
El dato surge del denominado Mapa Silver 2026, elaborado a partir de más de 300 personas mayores de 50 años residentes en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). El relevamiento busca analizar los cambios vinculados con la longevidad y el rol que las personas mayores ocupan en la economía y en el mercado laboral.
La investigación muestra que el deseo de mantenerse activo no desaparece con la edad. De hecho, el 85% de las personas de entre 61 y 70 años manifestó interés en continuar trabajando, emprender o desarrollar nuevos proyectos. Entre quienes tienen de 50 a 60 años, el porcentaje alcanza el 82%, mientras que entre las personas de 71 años o más todavía llega al 69%.
Los resultados ponen en discusión una idea que durante décadas estuvo asociada al envejecimiento: que después de la jubilación comienza necesariamente una etapa de retiro total de la vida laboral. La realidad que surge del estudio es diferente. Muchas personas buscan continuar aportando sus conocimientos y experiencia, aunque no necesariamente bajo las mismas condiciones laborales que tuvieron durante su etapa más activa.
El informe señala que el 83% de los encuestados volvería a trabajar si pudiera decidir cómo y cuándo hacerlo. La cifra refleja una demanda por mayor autonomía y flexibilidad, especialmente entre quienes ya atravesaron o se encuentran atravesando la etapa jubilatoria.
A esto se suma otro dato significativo: el 68% de las personas jubiladas consultadas manifestó interés en desarrollar nuevos proyectos. No se trata únicamente de regresar a un empleo tradicional, sino también de emprender, capacitarse, iniciar actividades independientes o aprovechar conocimientos adquiridos durante décadas de experiencia profesional.
La formación tampoco parece ser un obstáculo para esta generación. El 84% de las personas relevadas aseguró haber aprendido algo nuevo durante los últimos tres años. El dato cuestiona uno de los prejuicios más frecuentes asociados a los trabajadores de mayor edad: la supuesta dificultad para incorporar conocimientos, adaptarse a los cambios tecnológicos o actualizar sus habilidades.
El relevamiento también encontró que cuatro de cada diez personas atraviesan actualmente algún tipo de cambio relacionado con su trabajo o profesión. Esto muestra que la transición hacia nuevas formas de actividad laboral ya está ocurriendo y que no necesariamente se produce de manera abrupta al llegar a la edad jubilatoria.
La llamada Economía Silver engloba precisamente este fenómeno. El concepto, utilizado para analizar el impacto económico y social del envejecimiento poblacional, pone el foco en una generación que vive más años y que, en muchos casos, mantiene durante más tiempo sus capacidades, intereses y voluntad de participar activamente.
A los 55, 60 o 65 años, una persona puede tener todavía varias décadas por delante. Sin embargo, buena parte del mercado laboral continúa organizado bajo un esquema tradicional: formación durante la juventud, desarrollo profesional durante la adultez y retiro al llegar a determinada edad.
Ese modelo empieza a quedar desactualizado frente a una población que vive más y que también pretende mantenerse activa durante más tiempo.
El problema aparece con mayor claridad cuando una persona mayor pierde su empleo. La reinserción laboral puede convertirse en un proceso especialmente complejo debido a que la edad continúa funcionando como un criterio de selección para determinados puestos.
En ese sentido, el estudio advierte sobre la existencia de una brecha entre el discurso empresarial y las prácticas concretas de contratación. Mientras cada vez se habla más de diversidad, inclusión y aprovechamiento de diferentes generaciones dentro de las empresas, la edad continúa siendo un factor que puede limitar el acceso a nuevas oportunidades laborales.
La situación adquiere relevancia también fuera de Buenos Aires. En provincias como Salta, donde miles de personas desarrollan actividades comerciales, profesionales, independientes y de servicios, el debate sobre la continuidad laboral después de los 50 o 60 años también plantea nuevos desafíos.
La experiencia acumulada puede convertirse en un recurso especialmente valioso para emprendimientos y actividades donde el conocimiento del oficio, el vínculo con los clientes y la trayectoria profesional tienen un peso importante. Sin embargo, quienes buscan incorporarse nuevamente a un empleo formal pueden encontrarse con barreras vinculadas a los requisitos de edad.
Otro de los aspectos que complejiza el panorama es que las estadísticas tradicionales de desempleo pueden no mostrar toda la dimensión del problema. Cuando una persona lleva mucho tiempo buscando trabajo sin conseguirlo, puede abandonar la búsqueda o aceptar una actividad informal. En esos casos, deja de ser contabilizada como desocupada activa, aunque continúe teniendo dificultades para acceder a un empleo registrado.
Los datos de la Ciudad de Buenos Aires sirven como referencia para observar esta situación. Durante 2025, la tasa general de desocupación se ubicó en el 5,8%, mientras que en el grupo conformado por mujeres de 50 a 59 años y varones de 50 a 64 años fue del 4,3%.
Una tasa de desempleo menor en ese segmento no necesariamente significa que las personas mayores tengan mejores condiciones laborales. También puede estar relacionada con una menor participación en la búsqueda activa de empleo o con el traslado hacia actividades informales, independientes o no registradas.
Por eso, uno de los principales desafíos consiste en que las empresas y organizaciones adapten sus mecanismos de contratación a una realidad demográfica que cambió. La experiencia laboral, el conocimiento y las capacidades adquiridas durante décadas pueden seguir siendo útiles mucho después de los 50 años.
El fenómeno también abre oportunidades para el emprendedurismo. Una persona jubilada o cercana a la edad de retiro puede optar por iniciar un negocio, ofrecer servicios profesionales, desarrollar una actividad comercial o convertir una experiencia previa en un nuevo proyecto.
En este contexto, la edad deja de ser necesariamente un límite y puede transformarse en un activo. La trayectoria profesional, los contactos, la experiencia y el conocimiento del mercado pueden convertirse en herramientas para afrontar una nueva etapa.
El Mapa Silver 2026 plantea, de esta manera, una discusión que va más allá del empleo. Se trata de cómo la sociedad y el mercado laboral responden a una población que vive más años y que, además, quiere mantenerse activa.
Los números son contundentes: el 85% de las personas de entre 61 y 70 años consultadas quiere continuar trabajando, emprender o desarrollar nuevos proyectos. Incluso entre quienes superan los 71 años, casi siete de cada diez mantienen esa intención.
La discusión ya no parece pasar solamente por cuándo una persona deja de trabajar, sino por qué alternativas tiene para continuar activa cuando así lo desea. Para el mercado laboral argentino, y también para las economías regionales como la de Salta, el desafío será encontrar mecanismos que permitan aprovechar ese capital de experiencia sin que la edad se convierta en una barrera para acceder a nuevas oportunidades.