La Argentina continúa teniendo algunos de los precios más altos del mundo en productos de consumo masivo y bienes durables. Ropa, calzado, electrodomésticos, autos y motos todavía presentan valores superiores a los de buena parte de los mercados internacionales, aunque durante el último año se produjo una reducción importante de las diferencias.
Un relevamiento reciente del IERAL comparó los precios de distintos productos y servicios en Argentina con los de Brasil, Chile, México, Estados Unidos, Francia, Polonia, Australia, China y Corea del Sur. El resultado muestra que, si bien el país continúa en una posición desfavorable en materia de precios, la brecha comenzó a reducirse en varios rubros.
En el conjunto formado por bienes durables, indumentaria y calzado, Argentina aparece como el mercado más caro en el 74% de las comparaciones realizadas. El porcentaje sigue siendo elevado, pero representa una mejora considerable respecto de marzo de 2025, cuando el país ocupaba el primer lugar en precios en el 96% de los casos.
Entre los productos relevados se encuentran automóviles, motocicletas, artículos electrónicos y electrodomésticos para el hogar, además de prendas de vestir y calzado. En varios de estos segmentos, comprar en Argentina continúa resultando más costoso que hacerlo en otros países.
De los diez productos incluidos específicamente en la comparación, tres mostraron a la Argentina como el país con el precio más elevado: una freidora de aire, un vestido y un par de zapatillas.
La situación resulta especialmente significativa para los consumidores argentinos, que enfrentan estos valores en un contexto en el que el poder adquisitivo continúa siendo uno de los principales factores que condicionan las decisiones de compra. Para muchos hogares, la posibilidad de adquirir un electrodoméstico, renovar un teléfono, comprar indumentaria o acceder a un vehículo depende cada vez más de comparar precios y recurrir al financiamiento.
El informe vincula parte de la histórica diferencia de precios con la estructura tributaria argentina y con las políticas comerciales que durante años limitaron la competencia externa. Los aranceles de importación, las restricciones al ingreso de determinados productos y la carga impositiva se trasladan, en distinta medida, al precio que termina pagando el consumidor.
Entre los tributos que inciden sobre el valor final aparecen el IVA, Ingresos Brutos, impuestos específicos y el impuesto sobre los débitos y créditos bancarios. A esto se sumaron durante años diferentes mecanismos de protección comercial que restringieron el ingreso de productos fabricados en otros países.
Sin embargo, durante los últimos meses comenzaron a observarse cambios. La flexibilización de las importaciones, la eliminación de algunas restricciones cuantitativas, la reducción de determinados aranceles y modificaciones en impuestos internos contribuyeron a mejorar la competitividad de algunos productos frente a los valores internacionales.
El efecto no fue uniforme. Mientras determinados bienes redujeron considerablemente su diferencia de precio con otros mercados, algunos productos incluso aumentaron su valor relativo.
El caso de los automóviles aparece como una de las principales excepciones. Según el relevamiento, los vehículos registraron un incremento relativo de entre 4% y 10% frente a los precios observados en los países utilizados como referencia.
En el caso de las heladeras, el comportamiento fue completamente diferente. Los precios relativos disminuyeron entre un 12% y un 58%, dependiendo del mercado con el que se establezca la comparación. Las motos también mostraron una mejora: la reducción relativa se ubicó entre el 5% y el 22%.
Estos cambios adquieren otra dimensión cuando se analiza cuánto esfuerzo necesita realizar un trabajador para comprar determinados bienes. Una de las formas de medirlo es comparar el precio de los productos con el salario de un trabajador industrial.
En Argentina, adquirir un automóvil representa aproximadamente el equivalente a 20 salarios industriales. En Chile, el mismo cálculo se ubica en torno a 16 salarios, mientras que en Estados Unidos son necesarios alrededor de seis.
La diferencia también aparece en el mercado de las motocicletas. Para acceder a una moto de baja cilindrada, un trabajador industrial argentino necesita aproximadamente 2,2 salarios, mientras que en Estados Unidos la relación baja a 1,4 salarios.
En el caso de la indumentaria, el panorama es diferente. Un par de zapatillas representa cerca del 7% de un salario industrial argentino. En Brasil y México, el mismo producto equivale aproximadamente al 14% de un salario industrial, mientras que en Chile representa el 4,7% y en Estados Unidos apenas el 1,8%.
El dato permite observar que Argentina no es necesariamente el país más caro en todos los productos. De hecho, cuando se toma en cuenta el poder adquisitivo de los salarios industriales, los consumidores argentinos presentan una capacidad de compra superior a la de Brasil y México para varios de los bienes durables analizados.
La comparación cambia cuando se incorporan Chile y las economías desarrolladas. Frente a esos mercados, el poder adquisitivo argentino queda más rezagado, particularmente en bienes de elevado valor como los automóviles.
Para los consumidores de Salta, estas diferencias internacionales también se sienten en el mercado local. La compra de electrodomésticos, vehículos, motos, ropa y tecnología suele estar condicionada por los precios de lista, las promociones, las cuotas y las posibilidades de financiamiento disponibles.
Además, en una provincia del interior como Salta, el costo logístico y la distancia respecto de los principales centros de distribución pueden influir en el precio final de determinados productos. Por eso, aunque un bien registre una reducción de su valor relativo a nivel nacional, el precio que encuentra un consumidor salteño puede no coincidir exactamente con el de otras regiones del país.
El escenario actual muestra así una combinación de dos tendencias. Por un lado, Argentina continúa siendo un mercado particularmente caro en numerosos bienes de consumo. Por otro, la apertura comercial y la mayor competencia comenzaron a reducir algunas de las brechas que durante años separaron los precios locales de los internacionales.
La evolución del tipo de cambio también ocupa un lugar central en este análisis. El tipo de cambio real multilateral se ubicó en agosto alrededor de un 5% por encima del nivel registrado en noviembre de 2023, aunque todavía permanecía aproximadamente un 40% por debajo del promedio histórico considerado desde el año 2000.
Ese comportamiento ayuda a explicar parte de la pérdida de competitividad de los precios argentinos frente al exterior. Cuando los precios internos aumentan en dólares o el tipo de cambio queda relativamente apreciado, los productos nacionales pueden resultar más costosos para los consumidores locales y también perder competitividad frente a bienes importados.
El desafío para la economía argentina pasa entonces por determinar si la tendencia de reducción de las brechas puede sostenerse en el tiempo. La mayor apertura comercial puede favorecer precios más competitivos, pero su impacto dependerá también de la evolución del dólar, los impuestos, los costos internos, los salarios y la capacidad de las empresas para competir con productos provenientes del exterior.
Mientras tanto, para los consumidores argentinos la comparación internacional deja un dato concreto: aunque algunos bienes comenzaron a acercarse a los precios de otros países, Argentina todavía figura entre los mercados más caros para una amplia variedad de productos, especialmente cuando se trata de ropa, calzado, electrodomésticos, autos y motos.