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Salta sufre cierre de locales

Comerciantes luchan por mantener sus negocios frente a alquileres altos, tarifas y caída del consumo.


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Familias cocinan y venden empanadas para llegar a fin de mes

Los fines de semana, el aroma del recado se adueña de muchas calles.

Familias cocinan y venden empanadas para llegar a fin de mes

La venta de empanadas caseras se transformó en un recurso económico cada vez más común. Familias de distintos barrios aprovechan los fines de semana para preparar y vender el tradicional plato, convirtiendo la cocina de su casa en un pequeño negocio.

Desde temprano, los hogares se llenan del olor característico del recado mientras algunos amasan, otros rellenan y otros más se encargan de simbar las empanadas. Para algunos, esta actividad es la principal fuente de ingresos; para otros, un refuerzo económico que ayuda a cubrir gastos hasta fin de mes.

El precio de una docena de empanadas varía según el barrio, el tamaño y el tipo de relleno. Los valores suelen oscilar entre $7.000 y $12.000, aunque algunas variedades más elaboradas pueden llegar a $14.000. Los sabores más solicitados incluyen carne, pollo, queso, charqui y combinaciones regionales, adaptándose a los gustos locales. En contraste, en restaurantes y locales gastronómicos, los precios pueden superar los $1.500 por unidad, dependiendo del lugar y la calidad del producto.

La expansión de este tipo de emprendimientos refleja la creciente necesidad de generar ingresos alternativos frente al desempleo y la economía informal. Muchos vecinos se organizan con familiares y amigos para optimizar la producción y enfrentar la competencia entre vendedores caseros, incluso ajustando precios para atraer clientes.

Más allá del valor económico, la venta de empanadas se convirtió en un fenómeno social que fortalece la vida barrial. Las cuadras se llenan de movimiento los fines de semana: pedidos, entregas y reuniones espontáneas alrededor de una tradición culinaria que ahora también sostiene bolsillos.

El auge de este negocio casero evidencia cómo la gastronomía puede transformarse en una herramienta para enfrentar dificultades económicas, y cómo el ingenio familiar se adapta para mantener un ingreso constante sin depender exclusivamente de locales comerciales o empleos formales.


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