En una de las manifestaciones de fe más multitudinarias del calendario religioso salteño, el arzobispo de Salta, Mario Antonio Cargnello, encabezó este Viernes Santo el tradicional Vía Crucis en el cerro San Bernardo y dejó un mensaje contundente que trascendió lo espiritual para meterse de lleno en la realidad social de la provincia. Frente a una multitud que colmó los senderos del cerro, el religioso advirtió sobre el impacto de la droga, la violencia y la corrupción, y convocó a la comunidad a rechazar todo aquello que “destruye” la vida individual y colectiva.
La ceremonia, que cada año reúne a miles de salteños y turistas, volvió a consolidarse como uno de los momentos más significativos de la Semana Santa en el norte argentino. En ese marco, la homilía de Cargnello no pasó desapercibida: con un tono firme, directo y atravesado por la preocupación social, puso el foco en problemáticas que golpean con fuerza en distintos barrios de la ciudad y el interior provincial.
Desde el inicio de su mensaje, el arzobispo situó al cerro San Bernardo como un emblema que sintetiza la identidad religiosa y cultural de Salta. Recordó que la cruz que corona la cima fue colocada a comienzos del siglo XX como una expresión genuina de fe popular, nacida desde la propia comunidad y no como una imposición institucional. En esa línea, remarcó que ese símbolo continúa vigente como referencia espiritual para generaciones de salteños.
El planteo no quedó en lo simbólico. A lo largo de su reflexión, Cargnello insistió en que la fe no puede separarse de la realidad cotidiana, y que los desafíos actuales exigen una respuesta que combine compromiso personal y responsabilidad social. En ese sentido, llamó a reconocer las situaciones que dañan el tejido social y a tomar una postura activa frente a ellas.
Uno de los puntos más sensibles de su mensaje estuvo vinculado al avance del consumo de drogas, una problemática que viene generando preocupación en distintos sectores de la sociedad salteña. Sin rodeos, el arzobispo planteó la necesidad de enfrentar este flagelo con decisión, tanto desde el ámbito familiar como desde las instituciones. Advirtió que detrás del consumo hay historias de dolor, exclusión y falta de oportunidades, y subrayó la importancia de no mirar para otro lado.
La violencia fue otro de los ejes centrales de la homilía. En un contexto donde los hechos de inseguridad y los conflictos sociales generan alarma, Cargnello llamó a reflexionar sobre las raíces de estas conductas y a trabajar en la construcción de una convivencia más pacífica. Habló de la necesidad de recuperar valores como el respeto, el diálogo y la solidaridad, especialmente en tiempos donde la tensión social parece ir en aumento.
A esto sumó una referencia directa a la corrupción, a la que describió como un mal que deteriora la confianza y debilita las bases de la sociedad. Si bien no apuntó a casos puntuales, su mensaje fue interpretado como un llamado de atención amplio, dirigido tanto a dirigentes como a ciudadanos. En ese marco, planteó la importancia de actuar con honestidad y responsabilidad en todos los ámbitos de la vida.
El eje que atravesó toda la homilía fue la invitación a un cambio profundo, que no se limite a lo individual sino que tenga impacto en la comunidad. Para el arzobispo, ese proceso comienza con una decisión personal: reconocer lo que está mal y elegir un camino distinto. En ese sentido, apeló a la fe como motor de transformación, no solo en lo espiritual sino también en lo social.
Durante el recorrido del Vía Crucis, que recrea las distintas estaciones del camino de Jesús hacia la cruz, el clima fue de recogimiento y reflexión. Familias enteras, jóvenes, adultos mayores y grupos de peregrinos participaron de la ceremonia, muchos de ellos cumpliendo promesas o buscando un momento de conexión espiritual en medio de la rutina diaria.
La imagen de la cruz, protagonista central de la jornada, fue retomada por Cargnello como símbolo de un mensaje que trasciende el tiempo. En su reflexión, invitó a mirar más allá del sufrimiento y a encontrar en ese signo una oportunidad para comprender el sentido del dolor y la esperanza. En esa línea, planteó que la cruz sigue interpelando a las personas porque remite a una historia que continúa vigente en la vida de millones de creyentes.
El mensaje del arzobispo también puede leerse en clave del contexto actual de Salta, donde distintas problemáticas sociales vienen ocupando la agenda pública. La preocupación por el avance de la droga, los hechos de violencia y las denuncias vinculadas a irregularidades en distintos ámbitos forman parte de una realidad compleja que impacta en la vida cotidiana de los salteños.
En ese escenario, la voz de la Iglesia vuelve a posicionarse como un actor que busca generar reflexión y debate, apelando a valores que históricamente han tenido peso en la identidad local. La convocatoria a “decir no a lo que nos destruye” resonó con fuerza entre los presentes y se proyecta como uno de los ejes del mensaje de esta Semana Santa.
Más allá del contenido puntual de la homilía, la jornada dejó una postal que se repite año tras año: el cerro San Bernardo colmado de fieles, en un encuentro que combina tradición, espiritualidad y pertenencia. En un tiempo marcado por la incertidumbre y los desafíos sociales, ese espacio vuelve a consolidarse como un punto de encuentro para quienes buscan respuestas, consuelo o simplemente un momento de pausa.
El cierre del Vía Crucis estuvo marcado por un clima de silencio y recogimiento, en el que cada participante pareció llevarse una reflexión propia. El mensaje de Cargnello, atravesado por la realidad social pero anclado en la fe, dejó planteado un desafío que excede lo religioso: construir una sociedad más justa, más solidaria y menos atravesada por aquello que, como él mismo advirtió, termina destruyendo.