La Ruta Nacional 51 fue habilitada nuevamente este martes luego del deslizamiento de lodo y piedras que bloqueó por completo la calzada a la altura de El Mollar, a pocos kilómetros de Campo Quijano. El corte, que se extendió durante varias horas, dejó a decenas de vehículos varados en ambos sentidos y generó complicaciones en uno de los corredores estratégicos que conecta el Valle de Lerma con la Puna salteña.
El derrumbe se produjo tras intensas lluvias que castigaron durante las últimas jornadas a la ciudad de Salta y a las zonas serranas. La acumulación de agua, sumada a la saturación del suelo en sectores de montaña, provocó inestabilidad en las laderas y el consecuente desprendimiento de material que terminó cubriendo la cinta asfáltica con barro, piedras y sedimentos.
Desde la madrugada, quienes transitaban por la Ruta 51 se encontraron con la circulación interrumpida sin posibilidad de avanzar. Camionetas, autos particulares y camiones de carga quedaron detenidos a la espera de la llegada de maquinaria pesada para despejar la traza. La situación generó demoras, malestar y preocupación, especialmente entre transportistas y trabajadores vinculados a la actividad minera, que depende en gran medida de este corredor vial.
La Ruta Nacional 51 es clave para la logística productiva del oeste provincial. Cada corte impacta no solo en el tránsito particular sino también en el transporte de insumos y minerales. Por eso, el restablecimiento del paso fue recibido con alivio, aunque las autoridades recomendaron circular con extrema precaución ante la persistencia de condiciones climáticas inestables.
En las 48 horas previas al derrumbe se habían registrado más de 60 milímetros de lluvia en la capital salteña, y en áreas de mayor altura las precipitaciones suelen ser aún más intensas. Ese combo —lluvias sostenidas, escurrimientos desde zonas altas y suelos ya cargados de humedad— fue determinante para que se produjera el alud que terminó invadiendo la calzada.
Mientras las máquinas trabajaban en la 51, otro frente de complicaciones se vivía sobre la Ruta Nacional 68, en pleno Valle de Lerma. A la altura de Los Álamos y en el tramo que une Cerrillos con La Merced, la ruta se transformó en una verdadera trampa para los conductores durante la mañana.
El agua acumulada cubría gran parte del asfalto y hacía imposible distinguir los baches, algunos de gran tamaño y profundidad. Desde el sector conocido como el “semáforo eterno” hasta la zona de revisión técnica, la calzada parecía un río. Colectivos y camiones avanzaban levantando cortinas de agua, mientras autos pequeños y motocicletas quedaban a merced de pozos invisibles.
Más al sur, entre la urbanización Miraflores y la escuela 4449 del paraje La Falda, el panorama era similar. La combinación de escurrimientos desde fincas aledañas y un pavimento deteriorado convirtió el tramo en una suerte de embudo donde varios vehículos sufrieron roturas en trenes delanteros y neumáticos. Conductores relataron que no había forma de anticipar los pozos hasta caer en ellos.
La escena se repitió en distintos puntos del Valle de Lerma: autos detenidos a la vera del camino, motociclistas buscando resguardo y largas filas avanzando a paso de hombre para evitar daños mayores. En algunos sectores, el agua corría con fuerza de un lado al otro de la ruta, incrementando el riesgo de pérdida de control.
El temporal volvió a poner en evidencia la vulnerabilidad de las rutas salteñas ante lluvias intensas, especialmente en temporada estival. En zonas de montaña, como el tramo afectado de la Ruta 51, los deslizamientos son un riesgo latente cada vez que las precipitaciones superan determinados niveles. En áreas más bajas, como la 68, el problema se traslada a la falta de drenaje eficiente y al deterioro del asfalto.
Si bien el tránsito en la Ruta 51 quedó restablecido tras el trabajo de despeje, las autoridades insistieron en la necesidad de conducir con prudencia, mantener distancia y respetar las indicaciones viales. Las lluvias podrían continuar y no se descartan nuevos desprendimientos en sectores inestables.
Para quienes deban viajar hacia la Puna o desplazarse entre Cerrillos, La Merced y la capital provincial, se recomienda informarse sobre el estado actualizado de las rutas y evitar maniobras imprudentes en zonas con agua acumulada. También se aconseja reducir la velocidad, encender luces bajas y extremar la atención ante posibles obstáculos sobre la calzada.
El episodio dejó en claro cómo, en cuestión de horas, las condiciones climáticas pueden alterar por completo la circulación en puntos neurálgicos de la provincia. Entre aludes en la montaña y baches ocultos bajo el agua en el Valle de Lerma, el temporal generó un escenario complejo que afectó tanto a trabajadores como a familias que transitaban por las rutas salteñas.
Con la habilitación de la Ruta 51, la situación comenzó a normalizarse, aunque el impacto del temporal seguirá sintiéndose mientras persistan las lluvias. En una provincia atravesada por caminos que serpentean cerros y quebradas, cada tormenta fuerte representa un desafío para la infraestructura vial y para quienes la transitan a diario.