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SALUD MENTAL

La salud mental en Argentina atraviesa una crisis creciente

Un informe de la UBA expone un deterioro sostenido del bienestar emocional en el país. La falta de recursos económicos aparece como la principal barrera para iniciar o sostener tratamientos psicológicos.

La salud mental en Argentina atraviesa una crisis creciente

Un nuevo relevamiento del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la Universidad de Buenos Aires advierte que el escenario de salud mental en Argentina atraviesa un momento crítico, con un aumento sostenido del malestar emocional y serias dificultades de acceso a tratamientos. Según el estudio, cuatro de cada diez personas reconocen que necesitan terapia psicológica, pero no pueden costearla.

El informe muestra que el problema no es individual ni aislado, sino que está fuertemente ligado al contexto económico y social. Más de la mitad de las personas encuestadas asegura estar atravesando algún tipo de crisis, con la situación financiera y los conflictos familiares como principales detonantes del deterioro del bienestar psicológico. La incertidumbre cotidiana, el estrés prolongado y la falta de estabilidad aparecen como factores que agravan los cuadros de ansiedad y depresión.

Uno de los datos más preocupantes es el nivel de riesgo de padecer trastornos mentales: el 8,7% de la población presenta una alta probabilidad de desarrollar un cuadro clínico. Esta cifra se incrementa de manera significativa en los sectores jóvenes y en los estratos socioeconómicos más vulnerables, donde las condiciones de vida impactan de forma más directa en la salud mental.

En ese sentido, el estudio pone el foco en la población menor de 30 años, que presenta niveles más elevados de ansiedad, síntomas depresivos y una mayor insatisfacción con su proyecto de vida. La brecha generacional es clara: mientras los adultos mayores muestran indicadores más estables, los jóvenes concentran el mayor nivel de malestar psicológico.

El acceso a la atención profesional aparece como uno de los principales obstáculos. Entre quienes no realizan terapia, más de la mitad admite que la necesita, pero no logra iniciar o sostener el tratamiento. Dentro de ese grupo, el factor económico es determinante: casi el 40% señala que el costo de las consultas psicológicas resulta inaccesible en el contexto actual.

Ante estas dificultades, muchas personas recurren a estrategias informales para sobrellevar el malestar emocional. El diálogo con amistades y el entorno cercano es una de las herramientas más frecuentes, seguido por prácticas vinculadas a la espiritualidad o la religión. Sin embargo, estas formas de contención no reemplazan la asistencia profesional ni alcanzan para abordar cuadros más complejos.

El informe también advierte sobre el impacto del estado emocional en la salud física. Seis de cada diez personas reportan alteraciones en el sueño, con dificultades para conciliarlo o mantenerlo de manera regular. Este problema se asocia directamente al aumento de la irritabilidad, el cansancio persistente y la disminución del rendimiento cotidiano.

A su vez, se destaca el rol protector de la actividad física. Quienes realizan ejercicio de forma regular presentan menores niveles de ansiedad y depresión en comparación con quienes llevan una vida sedentaria, lo que refuerza la importancia de los hábitos saludables como complemento en la prevención.

Los especialistas que participaron del estudio remarcan la necesidad de fortalecer las políticas públicas en salud mental, en un contexto donde la demanda crece pero las posibilidades de atención siguen siendo limitadas. El diagnóstico no solo refleja una problemática extendida, sino también la urgencia de mejorar el acceso a tratamientos psicológicos en todo el país.


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