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Las lluvias ponen en jaque al corso y generan un desgaste inédito

La seguidilla de tormentas obligó a suspender varias noches del corso y encendió la preocupación en la organización, que enfrenta pérdidas económicas y un fuerte impacto anímico.

Las lluvias ponen en jaque al corso y generan un desgaste inédito

Las lluvias persistentes de las últimas semanas alteraron de manera profunda el desarrollo del corso y colocaron a la organización frente a un escenario inesperado. Las suspensiones consecutivas, definidas casi siempre a último momento, provocaron un desgaste que no tiene antecedentes para quienes trabajan desde hace años en la planificación y ejecución del evento, una de las propuestas culturales más importantes del verano en la provincia de Salta.

Desde la comisión organizadora reconocen que nunca antes el clima había condicionado de forma tan marcada el cronograma. Cada jornada que no puede realizarse no solo implica la frustración del público y de las agrupaciones participantes, sino también un impacto económico y emocional que se va acumulando con el correr de los días. El corso, que moviliza a comparsas, familias, trabajadores y emprendedores, depende en gran medida de un delicado equilibrio entre logística, costos y expectativas.

La confirmación de cada noche se vuelve una verdadera cuenta regresiva. Las decisiones se toman horas antes del inicio, siguiendo de cerca los informes meteorológicos y priorizando la seguridad del público y de los artistas. Sin embargo, aun cuando la actividad se suspende, hay gastos que no se pueden evitar: armado de estructuras, traslados, personal afectado y otros compromisos asumidos con antelación. En ese contexto, la incertidumbre se transforma en una constante.

La organización describe este momento como un desgaste inédito. No se trata solo de números que no cierran, sino del ánimo de quienes sostienen el corso desde adentro. El esfuerzo para mantener viva la propuesta cultural choca con una realidad climática que no da tregua y obliga a reorganizar todo una y otra vez. A pesar de eso, la voluntad de seguir adelante se mantiene firme, con la expectativa de que el tiempo permita recuperar parte del calendario previsto.

El corso es mucho más que un espectáculo. Representa identidad, tradición y trabajo para cientos de personas. Cada suspensión repercute en las comparsas, en los músicos, en los bailarines y también en los vecinos que esperan estas noches como un espacio de encuentro. Por eso, el impacto de las lluvias se siente en toda la comunidad, más allá del predio donde se desarrolla el evento.

Desde la organización explican que el objetivo es poder cumplir con al menos diez jornadas, aun sabiendo que el margen de maniobra es cada vez más estrecho. La esperanza está puesta en que las condiciones climáticas mejoren y permitan darle continuidad a un corso que, pese a las dificultades, sigue siendo una apuesta cultural fuerte dentro del calendario salteño.

Mientras tanto, el operativo de seguimiento del clima se volvió central. Ante la presencia de alertas meteorológicas, existe un plazo límite durante la tarde para definir si la jornada se realiza o se suspende, una decisión que debe ser comunicada a las autoridades correspondientes. En ese marco, se recomienda al público mantenerse atento a la información oficial que se difunde a través de las redes sociales, donde se actualiza el estado de cada noche.

El verano avanza y el corso resiste, atravesado por un clima impredecible que pone a prueba la capacidad de adaptación de la organización. El desafío es sostener la fiesta popular sin perder de vista la seguridad y la viabilidad del evento, en un contexto donde cada lluvia suma presión y convierte a esta edición en una de las más complejas de los últimos años.

 


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