La apertura de las importaciones comenzó a hacerse visible en las góndolas de los supermercados argentinos. En las últimas semanas, distintos rubros incorporaron productos del exterior que habían reducido su presencia o directamente habían desaparecido en años anteriores, en un contexto marcado por la desregulación del comercio exterior y la simplificación de los trámites para el ingreso de mercadería.
El fenómeno se percibe especialmente en alimentos y bebidas, donde volvieron a aparecer marcas reconocidas de origen regional y europeo. En muchos casos, estos productos llegan con valores similares a los de fabricación nacional y, en otros, con precios entre un 15% y un 30% más bajos, de acuerdo con relevamientos privados del sector. Esta diferencia se vuelve más notoria en categorías como conservas, café y algunos lácteos, lo que empieza a modificar las decisiones de consumo.
Uno de los casos más destacados es el de Conaprole, la cooperativa láctea uruguaya que retomó la comercialización en el mercado argentino. La marca volvió a ofrecer productos como manteca, queso crema, dulce de leche y crema de leche, ampliando la variedad disponible en un segmento clave de la canasta básica. Conaprole ya había tenido presencia en el país desde comienzos de los años 2000, pero su participación se fue reduciendo a medida que se endurecieron las restricciones a las importaciones.
En el rubro de conservas, también se observa un cambio significativo. El atún importado desde Ecuador empezó a ganar espacio con marcas como Bulnez y Máxima, que compiten de manera directa con las opciones nacionales. En algunos supermercados, estos productos se consiguen incluso a precios inferiores a los del atún argentino, lo que refuerza la presión competitiva en un segmento sensible para el consumo masivo.
El café es otro de los sectores donde la apertura comercial se nota con claridad. Volvió a crecer la oferta de cápsulas y cafés importados de origen europeo, con marcas italianas como Lavazza y Viaggio, que habían reducido su presencia en los últimos años por las dificultades para ingresar mercadería. Su regreso amplía el abanico de opciones para los consumidores, sobre todo en un mercado que venía mostrando una demanda sostenida pese a la pérdida de poder adquisitivo.
Las bebidas alcohólicas tampoco quedaron al margen de este proceso. En las góndolas reaparecieron cervezas importadas desde Brasil y España, como Itaipava y Landvik, que vuelven a competir con las marcas tradicionales que dominan el mercado argentino desde hace décadas. Si bien su participación aún es acotada, su presencia suma variedad y plantea un nuevo escenario para la competencia en precios y estilos.
La mayor apertura también impacta en el mercado de frutas y verduras. En supermercados y centros de distribución comenzó a crecer la oferta de productos importados que se suman a la producción local. Se registró el ingreso de naranjas y mandarinas provenientes de España, manzanas de Chile y bananas de Ecuador, que amplían la disponibilidad estacional y, en algunos casos, ayudan a moderar los precios en momentos de menor oferta interna.
Desde el sector comercial señalan que este escenario responde a un proceso de mayor desregulación del comercio exterior, con menos trabas administrativas y plazos más ágiles para importar. La simplificación de los trámites permitió que empresas que habían dejado de operar en el país vuelvan a evaluar el mercado argentino como una plaza viable, especialmente en un contexto de consumo más selectivo y sensible a los precios.
Para los consumidores, la llegada de productos importados representa una mayor diversidad en las góndolas y nuevas referencias de precios. Sin embargo, el impacto final dependerá de la evolución del tipo de cambio, los costos logísticos y la capacidad de las marcas nacionales para competir en un escenario más abierto. En varios rubros, la competencia directa ya empezó a sentirse, sobre todo donde las diferencias de precios resultan más evidentes.
A medida que avance el año, se espera que el ingreso de mercadería del exterior continúe, aunque con ritmos distintos según el sector. Mientras tanto, los supermercados ajustan su oferta para adaptarse a un mercado en transformación, donde la variedad, el precio y el origen de los productos vuelven a ser factores centrales en la decisión de compra.