La Asociación de Bodegas de Salta se equivoca al oponerse a la tolerancia cero de alcohol al volante, confundir la defensa del sector vitivinícola con la defensa de manejar después de consumir alcohol no solo es irresponsable, es peligroso.
Nadie está cuestionando la producción, la identidad cultural, ni el valor turístico del vino salteño. Lo que se está regulando es una conducta concreta que pone en riesgo la vida de las personas.
Resulta llamativo que este sector que habla de “consumo responsable”, rechace la norma que justamente define con claridad qué significa responsabilidad. La seguridad vial no puede quedar subordinada a intereses comerciales, el Estado tiene la obligación de priorizar el derecho a la vida por sobre cualquier actividad económica y productiva.
La Asociación de Bodegas de Salta debería ser parte de la solución promoviendo conductores designados, impulsando transporte seguro para turistas, acompañando campañas de concientización sobre el consumo responsable. Oponerse a la tolerancia cero no defiende al vino salteño, daña su imagen y lo asocia a prácticas que la sociedad ya no tolera.
No existe una dosis segura de alcohol para conducir, incluso con niveles bajos se altera el tiempo de reacción, la percepción del riesgo y la coordinación motora. El alcohol genera falsa sensación de control, lo que aumenta conductas imprudentes. Las jurisdicciones que implementaron tolerancia cero registraron menos muertes, menos, lesionados graves, menos siniestros viales.
Durante años se instaló la idea de que “un poquito no hace nada”, la tolerancia cero envía un mensaje claro, manejar es una responsabilidad social, si tomas alcohol no podes manejar.
No hay evidencia de que la tolerancia cero destruya el turismo, lo que sí hay evidencia es de que los siniestros viales afectan mucho más al turismo que una regulación responsable. Las provincia de Salta con tolerancia cero sigue recibiendo turistas, porque el turista no deja de viajar porque no pueda manejar después de tomar alcohol, se adapta a las normas, designa un conductor, usa taxi, remis o aplicaciones de trasporte.
La ley no prohíbe tomar vino, prohíbe manejar después de tomar. La cultura del vino no se defiende poniendo gente en riesgo en la ruta, de hecho, el vino se disfruta mejor sin la presión de tener que manejar después. Lo que realmente afecta a las economías regionales son las muertes y las familias destruidas por siniestros viales. Ninguna economía regional se sostiene sobre el riesgo vial.
Las políticas públicas de seguridad vial se definen por el interés general. Se escucha a todos, pero se gobierna para cuidar vidas. El Estado no puede delegar la seguridad vial en intereses comerciales.
La tolerancia cero no va contra el turismo, ni contra la gastronomía, ni contra las bodegas, va contra la idea peligrosa de que tomar y manejar es aceptable y eso, como sociedad, no lo podemos permitir más.