Sucedió hace instantes, durante el acto por la llegada del Tren 25 de Mayo a Campo Quijano, en donde el senador libertario por el departamento Capital (aunque en realidad pertenece al partido de Alfredo, Ahora Patria), Roque Cornejo Avellaneda, intentó posicionarse delante del gobernador Sáenz para presentar a la ministra Pettovello a la plana de militantes libertarios locales, sin siquiera extenderle la mano al primer mandatario provincial.
Fuera de todo protocolo, y en el afán de sentar algún tipo de bandería política, Cornejo Avellaneda tuvo la pésima idea de ningunear al Gobernador Sáenz, anfitrión de la ministra Sandra Pettovello. El saludo no se le niega a nadie dice el dicho, y menos aun en actos de protocolo de esta magnitud, dado que, más allá de la cuestión partidaria y electiva, es raro recibir a un ministro nacional, y poco positivo en general, hacerlo pasar por situaciones de esta bajeza.
Sáenz, sorprendido por la falta de decoro de Cornejo, marcó territorio inmediatamente. Mientras Cornejo se desesperaba por mostrarle gente a Pettovello, el mandatario provincial se presentó solo: “¿Qué tal? ¡Buen día! El gobernador, un gusto”, espetó el mandatario, que de inmediato procedió a separarse del grupo que pretendía monopolizar Cornejo. Sin embargo, Sandra Pettovello inmediatamente marcó territorio y dejó a Cornejo hablando solo, mientras alguien le explicaba: “esos son los gestos que se viven acá todos los días, ministra”.
De ahí en más, Cornejo y compañía fueron dejados de lado por la ministra de Capital Humano, quién se encargó de dejar algo en claro: “trátenmelo bién al gobernador” y Gustavo Sáenz aprovechó la frase sentenciando: “elegido por la gente”.
Detrás, Roque Cornejo Avellaneda observaba, ya en soledad, como el convoy se alejaba dejándolo solo, cuando podría haber sido parte de no haber sido víctima de tamaño arranque de divismo vulgar en el lugar menos indicado.
De a poco Buenos Aires comienza a soltarle la mano al Olmedismo, y no por traición. Estas son las actitudes que muestran quienes están a la altura y quienes no. Sin votos ni apoyo popular, la dirigencia libertaria local no termina de asumir que ocupan un lugar de importancia no por peso propio, sinó por la casualidad de haber ocupado un sitio en una boleta electoral que no los pertenece ni entienden. Lo que en criollo se dice: Chocar la Ferrari.