En Salta, el Miércoles de Ceniza marca el arranque de la Cuaresma, ese momento del año donde la comunidad católica se sumerge en un camino de introspección y cambio.
La Catedral, epicentro de la fe en la provincia, abre sus puertas bien temprano para que los salteños puedan participar en las celebraciones que ayudan a sacudirse el polvo del carnaval y prepararse para la Pascua. Es una oportunidad para reflexionar sobre esas cosas que nos cuestan, como la paciencia o el control del temperamento, en un ambiente de oración y penitencia.
Los horarios están pensados para que nadie se quede afuera: las misas empiezan a las 7 de la mañana y siguen hasta las 20:30, con varias opciones durante el día. Por la mañana, podés elegir entre las 7, 8, 9:30, 10:30 o 11:30, y por la tarde hay a las 19 y 20:30. Esto facilita que tanto los que madrugan para el trabajo como los que terminan tarde puedan sumarse a esta tradición tan arraigada en el norte argentino.
Para los que buscan un momento de reconciliación, las confesiones estarán disponibles desde las 7 hasta las 14:30, y luego retoman de 18 a 21. Es un espacio ideal para esos salteños que quieren empezar la Cuaresma con el alma liviana, dejando atrás lo que pesa y enfocándose en el crecimiento personal. En una ciudad como Salta, donde la fe se vive con intensidad, estos horarios responden a la demanda de una comunidad que valora estas prácticas.
Los viernes de Cuaresma traen el clásico viacrucis, que se realiza después de las misas de la mañana y la tarde, recordando el camino de Jesús hacia la cruz. Es una devoción que une a familias enteras en oración, ayudando a contemplar el sacrificio y prepararse para la resurrección. En el contexto salteño, con su rica herencia religiosa, estos actos se convierten en un pilar para fortalecer la fe colectiva.
Los sábados suman una novedad: una reflexión sobre los dolores de la Virgen María, conocida como Via Matris, que invita a meditar en el sufrimiento maternal. Esta práctica, que se incorpora este año, busca enriquecer la Cuaresma en Salta, ofreciendo a los fieles una forma más profunda de conectar con la tradición católica. Al final, todo apunta a una Pascua renovada, con la promesa de vida eterna que resuena fuerte en el corazón de los norteños.