Alexander Zverev coronó un año de ensueño e inscribió definitivamente su nombre en las páginas doradas del tenis mundial al proclamarse campeón del Abierto de Estados Unidos 2026.
El teutón, actual número dos del ranking ATP, derrotó en el imponente Arthur Ashe Stadium al local Ben Shelton por 6-3, 7-6 (2), 5-7 y 6-2. Tras poco más de tres horas y media de una batalla electrizante y de altísima exigencia física, Sascha demostró la templanza y el aplomo propios de un tenista que atraviesa el punto más alto de su madurez profesional.
El duelo comenzó con un Zverev firme y quirúrgico desde el servicio, anulando el potente saque del estadounidense de 23 años y adueñándose de las riendas en el primer capítulo por 6-3. Aunque Shelton elevó la intensidad en la segunda manga empujado por el fervor del público neoyorquino, la solidez mental del alemán salió a relucir en un impecable tie-break que inclinó la balanza aun más a su favor. El joven zurdo local amenazó con la heroica tras arrebatarle el tercer parcial por 7-5, pero Zverev apretó las tuercas de entrada en el cuarto set, quebró rápido y selló un triunfo incontestable.
Sin embargo, el instante que acaparó todas las miradas ocurrió apenas cayó la última pelota, dejando una postal tan insólita como inolvidable. Enfrascado en una concentración casi mística, el germano no cayó en la cuenta de que el partido había finalizado y amagó con caminar hacia la línea de fondo para volver a sacar. Tuvo que congelarse un segundo, observar la ovación ensordecedora en la red y mirar las pantallas gigantes para comprender que el campeonato era suyo. Un desconcierto efímero que mutó en una sonrisa plena y en un emocionado desplome sobre el cemento neoyorquino.
Esta consagración en Flushing Meadows posee un sabor a revancha absoluta para el tenista de 29 años, borrando de forma definitiva aquella dolorosa final perdida en 2020 ante Dominic Thiem. Además, al sumarse a su inolvidable coronación en Roland Garros hace unos meses, Zverev se convierte en apenas el cuarto tenista en la Era Abierta que consigue alzar sus dos primeros títulos de Major dentro del mismo año de calendario, emulando la hazaña de leyendas de la talla de Guillermo Vilas, Jimmy Connors y Jannik Sinner.
Visiblemente conmovido durante la entrega de premios, Zverev dedicó la hazaña a su madre, Irina, recordando las dificultades superadas tras ser diagnosticado con diabetes en su infancia. "Dios ha visto el dolor por el que he pasado; esto es una bendición", confesó ante el micrófono. Con este trofeo, el alemán no solo acorta distancias en la pelea directa con Sinner por el número uno del mundo, sino que firma el capítulo más glorioso de su carrera, demostrando que cuando el talento se alinea con la fortaleza mental, el destino se escribe con letras de oro.