Todos los hinchas chilenos hospitalizados por los incidentes en el partido entre Independiente y Universidad de Chile ya fueron dados de alta, según confirmaron autoridades sanitarias bonaerenses. El episodio, que tuvo lugar durante un encuentro de Copa Sudamericana en el estadio Libertadores de América, dejó un saldo preocupante: más de 20 personas heridas, entre ellas dos en estado crítico.
Los heridos fueron asistidos en los hospitales Fiorito, Presidente Perón y Eduardo Wilde, donde se activaron protocolos de emergencia. En los casos más graves, se realizaron intervenciones quirúrgicas de urgencia durante la madrugada. Ambos pacientes evolucionaron favorablemente y recibieron el alta médica en los últimos días. Las lesiones incluyeron traumatismos severos en el cráneo, producto de la violencia desatada en las tribunas.
Desde el sistema de salud destacaron la rapidez y coordinación con la que se actuó para contener la situación. El operativo permitió evitar muertes y contener el impacto de un episodio que pudo haber terminado mucho peor.
Mientras tanto, en el plano deportivo, Independiente presentó su defensa ante la Conmebol para intentar desligarse de responsabilidades. El club aseguró que los incidentes se iniciaron por parte de la hinchada chilena, que atacó con proyectiles y pirotecnia antes del inicio del encuentro. También argumentó que la seguridad cumplió con los protocolos exigidos y que la suspensión del partido fue consecuencia directa de los actos de violencia en la tribuna visitante.
La Conmebol aún no emitió un fallo, pero el caso ya genera repercusión en todo el país. Para provincias como Salta, donde la pasión futbolera también se vive con intensidad, el episodio sirve como llamado de atención. La necesidad de reforzar la seguridad en espectáculos deportivos y garantizar una respuesta sanitaria eficiente ante posibles emergencias se vuelve clave.
El sistema de salud pública bonaerense logró dar una respuesta rápida, pero la violencia en el fútbol argentino sigue siendo un problema sin resolver. Mientras los heridos regresan a sus hogares, la discusión de fondo vuelve a escena: cómo recuperar el espíritu del deporte sin poner en riesgo la vida de quienes simplemente quieren alentar a su equipo.