El automovilismo argentino vivió horas de pura sacudida tras confirmarse la salida de Nicolás Varrone del equipo Van Amersfoort Racing. La desvinculación del bonaerense se concretó a tres fechas del cierre de la temporada en la Fórmula 2, la categoría antesala de la Máxima.
Aunque la noticia cayó como una bomba en la jornada del miércoles, lo cierto es que la decisión no se tomó de forma intempestiva, sino que fue el resultado de un desgaste paulatino generado por la falta de ritmo del monoplaza.
El paso del corredor de 25 años por la estructura neerlandesa dejó buenas sensaciones en el plano conductivo, especialmente al considerar que saltó al coche número 22 tras seis años sin competir en monoplazas. Varrone provenía del mundo del Endurance y debió enfrentarse a rivales que hicieron el camino tradicional en las categorías de formación. Sin embargo, en el arranque del torneo mostró destellos de enorme talento, liderando parciales en Australia y logrando un destacado cuarto puesto en el Sprint de Miami, además de un sexto lugar en Canadá como su mejor resultado definitivo.
El rendimiento del coche cayó vertiginosamente al desembarcar en el territorio europeo. Salvo por chispazos aislados donde influyó puramente la maniobrabilidad del piloto, el auto perdió competitividad y meterse en la zona de puntos se volvió un objetivo imposible. La seguidilla de malas actuaciones técnicas precipitó el desenlace. El choque sufrido durante la clasificación en la pista de Madring y un impacto posterior provocado por un rival en la carrera principal terminaron de sellar el amargo final de este ciclo.
Pese al abrupto término del contrato, las partes aclararon que la salida se produjo en términos totalmente amistosos. El vínculo con la familia Villagómez, propietaria del equipo, se mantuvo intacto, tal como lo reflejó el propio volante nacional en su mensaje de despedida. Para cubrir la vacante libre en el equipo de cara a los compromisos restantes, la dirigencia de la escuadra confirmó la incorporación inmediata del japonés Hiyu Yamakoshi, procedente de la Fórmula 3.
Con este capítulo cerrado, el entorno del corredor ya trabaja a contrarreloj para delinear el calendario del próximo año. Las gestiones apuntan a mantener la presencia en la Fórmula 2 pero en una estructura con aspiraciones al título. Entre los casilleros disponibles en la categoría, las escuderías líderes negocian contrataciones de cara al armado de sus planteles, con competidores de peso ya confirmados en equipos de primera línea.
A la par de las charlas en la antesala de la máxima categoría mundial, emerge con fuerza la chance de retornar al Campeonato Mundial de Endurance en la clase Hypercar. Varrone ya sumó experiencia previa en esta división al mando de un Porsche 963 privado, peleando de igual a igual contra estructuras de fábrica. Regresar a esta categoría le permitiría seguir sumando puntos clave para la ansiada Superlicencia, requisito indispensable para soñar con un asiento en la categoría máxima.
Existe además una vía abierta de la mano de General Motors para integrarlo a la estructura de Cadillac en calidad de piloto reservista o de desarrollo. Este plan contempla acumular kilómetros de rodaje en ensayos privados para cumplir con las exigencias del reglamento internacional. Mientras se resuelven estas negociaciones, el argentino retornará a las pistas el próximo 3 de octubre para disputar la tradicional prueba Petit Le Mans en la categoría IMSA a bordo de un Chevrolet Corvette Z06 GT3.R, donde buscará cerrar el año deportivo en lo más alto del podio.