Había una vida más. Una última oportunidad. Y la República Democrática del Congo la aprovechó con el corazón en la mano. Cuando el Mundial parecía escaparse, apareció el orgullo de un equipo que se negó a rendirse, dio vuelta un partido inolvidable ante Uzbekistán y selló una clasificación histórica a los 16avos de final como uno de los mejores terceros en un grupo que coincidía con dos grandes equipos como Colombia y Portugal.
El arranque había sido un mazazo. Apenas iban 10 minutos cuando Eldor Shomurodov recibió y sacó un remate al ángulo. Golazo de Uzbekistán y silencio del lado congoleño. El panorama era complicado en el PT.
Pero los africanos respondieron cuando el escenario exigía carácter. Y salió al segundo tiempo transformado. Con otra energía y una decisión inquebrantable de cambiar la historia. Empujó a Uzbekistán contra su arco.
La recompensa llegó a los 21’ del complemento. Wissa se metió en el área y Kusanov lo derribó. Penal. El propio Wissa tomó la pelota sin titubear, abrió el pie derecho y definió con una serenidad gigante para poner el 1-1. El empate no alcanzaba , era apenas el comienzo de la rebelión.
Y cuando el partido ardía, apareció el grito que cambiaría todo. A los 78’, una contra perfecta encontró a Fiston Mayele en el lugar indicado. El delantero no perdonó y desató el festejo . Fue el 2-1. El gol de la clasificación. Que luego terminó con el doblete de Wissa para el 3-1.
El pitazo final confirmó la hazaña. En su segunda participación mundialista, tras aquella lejana presencia en Alemania 1982, avanzó por primera vez a segunda fase. Rugió King Congo.