Desde este jueves 15 de enero, los celulares importados ingresan a la Argentina con arancel 0%, una medida que marca un punto de inflexión en el mercado de la tecnología y que despierta expectativas, dudas y análisis en todo el país. En Salta, donde el acceso a dispositivos móviles está directamente ligado al trabajo, la educación y la conectividad cotidiana, el impacto de esta decisión comienza a ser tema de conversación tanto entre consumidores como en el sector comercial.
La eliminación total del derecho de importación completa el esquema previsto por el decreto 333, que había iniciado en mayo del año pasado con una reducción del arancel del 16% al 8%. Desde hoy, ese impuesto desaparece por completo, modificando el costo de ingreso de los teléfonos celulares al país y reconfigurando el escenario para importadores, fabricantes locales, cadenas de retail y usuarios finales.
El objetivo central de la medida es generar mayor competencia en un mercado históricamente tensionado por altos precios, fuerte presión impositiva y una convivencia compleja entre producción local, importación formal y canales informales. En teoría, un arancel cero debería traducirse en costos más bajos para los importadores y, eventualmente, en precios más accesibles para los consumidores. Sin embargo, el impacto real no es automático ni lineal.
Durante el período en el que rigió el arancel reducido del 8%, el ingreso de celulares importados por canales legales no mostró un crecimiento significativo. La participación de estos equipos dentro del mercado total se mantuvo relativamente baja, mientras que la producción local sostuvo su peso. Aun así, en los últimos meses se registraron bajas de precios en términos reales, en línea con la caída del consumo y la necesidad de los comercios de sostener ventas en un contexto económico ajustado.
Con la eliminación total del arancel, el escenario vuelve a cambiar. El costo de importación se reduce, pero el precio final que paga el consumidor depende de múltiples factores. A la estructura impositiva vigente se suman los costos logísticos, el tipo de cambio, los gastos aduaneros, la comercialización y los márgenes de las cadenas de venta. Por eso, en el corto plazo, no se espera una baja inmediata y uniforme en todos los modelos.
En Salta, comerciantes del rubro tecnológico señalan que la expectativa está puesta en una mayor variedad de equipos y en una competencia más equilibrada. “Hoy muchos clientes comparan precios con lo que ven en otras provincias o incluso en países limítrofes”, reconocen desde el sector. La diferencia de precios ha sido históricamente uno de los factores que alimentó el contrabando y la compra informal de celulares, una práctica extendida en el norte argentino.
El arancel cero busca justamente atacar ese problema estructural: reducir la brecha entre el precio del producto importado de manera legal y el que ingresa por canales informales. Si la diferencia se achica, la apuesta es que el consumidor opte por comprar en comercios habilitados, con garantía y respaldo, en lugar de recurrir a circuitos irregulares.
Sin embargo, el impacto también genera interrogantes en la industria local. La producción nacional de celulares, concentrada principalmente en otras provincias, deberá competir en un contexto más abierto. Para algunos actores del sector, el desafío será sostener niveles de actividad y empleo en un mercado que ahora tendrá mayor presión externa. Para otros, la competencia puede impulsar mejoras en eficiencia y precios.
Desde el punto de vista del consumidor salteño, la pregunta central es clara: ¿bajarán los precios? La respuesta es más compleja. En el mediano plazo, la eliminación del arancel puede favorecer una reducción gradual de los valores, especialmente en modelos de gama media y alta, que son los más afectados por los costos de importación. No obstante, esa baja dependerá de la dinámica del mercado, de la demanda y de la estabilidad de otras variables económicas.
Otro factor a tener en cuenta es la situación global de la industria tecnológica. La oferta de determinados modelos sigue condicionada por la disponibilidad internacional, los ciclos de lanzamiento y la política de precios de las marcas. En algunos casos, la escasez o la alta demanda pueden neutralizar parte del efecto positivo del arancel cero.
En Salta, donde el celular cumple un rol central en la vida diaria —desde el trabajo independiente hasta el comercio digital y la educación—, cualquier variación en los precios tiene un impacto directo. Para muchos usuarios, renovar el equipo implica una inversión significativa, por lo que la expectativa de precios más accesibles genera atención y cautela al mismo tiempo.
Las cadenas de retail y los comercios locales analizan ahora cómo reacomodar sus listas de precios y su stock. Algunos apuestan a una mayor rotación y a promociones para captar a un público que viene postergando compras. Otros prefieren esperar a ver cómo se mueve el mercado en las próximas semanas antes de realizar ajustes fuertes.
En paralelo, la medida se da en un contexto de caída general de la demanda. El consumo de bienes durables, como los celulares, viene mostrando una retracción, lo que obliga a los vendedores a ser más competitivos. En ese escenario, el arancel cero puede funcionar como un estímulo, aunque no garantiza por sí solo una reactivación inmediata.
Para los consumidores, la recomendación es informarse, comparar precios y no dejarse llevar por expectativas exageradas. Es probable que las bajas sean graduales y desiguales según marca, modelo y canal de venta. La ventaja, en todo caso, estará en una mayor oferta y en un mercado más transparente.
La eliminación del arancel a la importación de celulares marca un cambio relevante en la política comercial argentina y abre una nueva etapa para el sector tecnológico. En Salta, el impacto se irá sintiendo con el correr de las semanas, a medida que los nuevos costos se reflejen —o no— en las góndolas.
Por ahora, el arancel cero es una señal clara de apertura y de búsqueda de mayor competencia. Si esa decisión se traduce en mejores precios y mayor acceso para los salteños dependerá, como tantas veces, de cómo responda el mercado y de cuánto de ese alivio impositivo llegue efectivamente al bolsillo del consumidor.