La enorme diferencia entre una tasa del 20% para un plazo fijo y un Costo Financiero Total (CFT) que puede llegar al 200% en algunos créditos responde a una combinación de factores económicos, regulatorios y financieros.
La tasa de los depósitos depende principalmente de la inflación esperada y de la necesidad de los bancos de captar fondos. Actualmente, las entidades no necesitan subir agresivamente las tasas de plazo fijo porque la demanda de crédito es limitada y el sistema financiero opera con menor expansión que en años anteriores.
El resultado es un spread bancario históricamente elevado: mientras los ahorristas reciben alrededor del 20% anual, quienes necesitan financiamiento pueden terminar pagando entre 130% y 200% anual, una brecha que más que duplica el promedio histórico del sistema financiero argentino.

Las 5 claves que explican esa brecha
1. Mayor riesgo de incobrabilidad
El principal motivo es el aumento de la morosidad. Los bancos y financieras enfrentan un número creciente de clientes que no pueden pagar sus cuotas. Para compensar esas pérdidas potenciales, elevan las tasas que cobran a quienes sí cumplen.
En otras palabras, una parte del costo que pagan los buenos pagadores sirve para cubrir el riesgo que representan los clientes morosos.
2. Fin de los topes a las tasas
El Gobierno de Javier Milei eliminó las regulaciones que limitaban las tasas de interés en préstamos y tarjetas de crédito. Desde entonces, las entidades tienen mayor libertad para fijar el costo del financiamiento según el perfil de riesgo de cada cliente.
Esto permitió que los bancos ajustaran las tasas activas (las que cobran por prestar dinero) mucho más rápido que las tasas pasivas (las que pagan a los ahorristas).
3. Falta de liquidez y encarecimiento del fondeo
Los bancos necesitan captar depósitos para poder otorgar préstamos. Sin embargo, el ahorro en pesos sigue siendo limitado y muchas personas prefieren otras alternativas de inversión.
Cuando escasean los fondos disponibles para prestar, el crédito se vuelve más caro. La lógica es similar a cualquier mercado: cuando hay poca oferta y demanda sostenida, el precio sube.

4. Impuestos y costos operativos
La tasa que ve el cliente no solo refleja el interés puro del préstamo. El CFT incorpora:
- IVA sobre los intereses.
- Impuesto a los Débitos y Créditos Bancarios.
- Ingresos Brutos.
- Sellos provinciales.
- Seguros asociados al crédito.
- Gastos administrativos y operativos.
Por eso una tasa nominal anual (TNA) del 130% puede transformarse en un CFT cercano al 200%.
5. El crédito al consumo es más riesgoso
Los préstamos personales y las tarjetas de crédito tienen un riesgo mucho mayor que otros financiamientos, como los hipotecarios o prendarios, porque generalmente no cuentan con garantías reales.
Por ese motivo, las entidades exigen una rentabilidad más alta para asumir ese riesgo.
6. Las fintech cobran aún más
Las billeteras virtuales y fintech suelen prestar a segmentos con menor acceso al sistema bancario tradicional. Además, no cuentan con la misma estructura de fondeo que los bancos.
Por eso aplican tasas más elevadas para cubrirse frente a una mora que, según datos del CEPA, pasó del 7,3% en octubre de 2024 al 29,6% en mayo de 2026.