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Las familias salteñas se endeudan para comer y más de la mitad no llega a fin de mes

Un relevamiento en barrios populares revela un fuerte empeoramiento de la situación económica.

Las familias salteñas se endeudan para comer y más de la mitad no llega a fin de mes

En barrios populares de la provincia de Salta, la situación económica y social atraviesa uno de sus momentos más críticos de los últimos años. Un relevamiento realizado en mil hogares encendió las alarmas: el 57 por ciento de las familias no llega a fin de mes y el mismo porcentaje reconoce que se endeuda para poder comprar alimentos básicos.

El informe refleja un deterioro sostenido del poder adquisitivo y de las condiciones de vida, con hogares que cada vez dependen más de créditos, tarjetas o aplicaciones financieras para cubrir gastos cotidianos. En muchos casos, esa salida termina agravando el problema, ya que el endeudamiento se vuelve permanente y difícil de sostener.

Referentes sociales que trabajan en territorio describen un escenario cada vez más complejo, donde la prioridad dejó de ser la calidad de la alimentación y pasó a ser directamente la posibilidad de comer. En ese contexto, advierten que muchas familias ajustan sus consumos al extremo, reducen porciones o eliminan comidas durante la semana.

Uno de los datos más preocupantes del relevamiento indica que uno de cada cuatro hogares en barrios populares salteños deja de hacer al menos una comida semanal. Esta situación impacta de manera directa en niños y adolescentes, que son los más afectados por la pérdida de calidad nutricional.

La caída en el consumo de alimentos esenciales también es marcada. Muchas familias dejaron de comprar carnes, lácteos, frutas y verduras, y reemplazan esos productos por opciones más económicas y de menor valor nutricional. La alimentación basada en harinas y productos de bajo costo se volvió una constante en numerosos hogares.

El endeudamiento aparece como una de las principales estrategias de supervivencia. Según el informe, es habitual que los ingresos se agoten apenas cobrados, con retiros inmediatos de dinero o uso acelerado de crédito para evitar que los descuentos automáticos de tarjetas o préstamos absorban los fondos disponibles.

La situación golpea con mayor fuerza en el interior y en el norte de la provincia, donde las oportunidades laborales son más escasas y el impacto de la caída del consumo se siente con mayor intensidad. Allí, la crisis se traduce en menos trabajo informal, menos circulación de dinero y mayor dependencia de la asistencia comunitaria.

En este contexto, también crece la preocupación por el deterioro alimentario. Aunque no siempre se observan cuadros de desnutrición severa, sí se advierte un aumento de la malnutrición, con dietas insuficientes y poco variadas que afectan especialmente el desarrollo infantil.

El escenario descripto muestra una realidad marcada por la incertidumbre económica y la fragilidad de los ingresos familiares. En los barrios populares de Salta, la combinación de inflación, endeudamiento y pérdida de poder adquisitivo configura un cuadro que, según advierten los referentes sociales, sigue profundizándose mes a mes y deja a miles de familias en una situación límite para cubrir algo tan básico como la alimentación diaria.

 


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