El presidente Javier Milei expuso ante inversores internacionales en Wall Street, durante la apertura de la Argentina Week en Nueva York, donde defendió el rumbo económico de su gobierno y lanzó duras críticas contra empresarios que, según sostuvo, crecieron al amparo del proteccionismo estatal.
En un auditorio colmado dentro de la sede de JPMorgan Chase, el mandatario buscó reforzar el perfil liberal de su gestión frente a ejecutivos financieros y analistas de mercado. Allí planteó que la estrategia económica apunta a desmontar un sistema que, de acuerdo con su visión, favoreció durante décadas a sectores que se beneficiaron de barreras comerciales, subsidios y acuerdos con el poder político.
En ese marco, apuntó directamente contra dos de los empresarios industriales más conocidos del país: Paolo Rocca, titular del grupo Techint, y Javier Madanes Quintanilla, propietario de Aluar y Fate. Milei los mencionó como ejemplos de un modelo empresarial que, según describió, prosperó bajo esquemas de protección estatal.
Durante su intervención, el Presidente buscó despejar la idea de que su administración mantiene una postura hostil hacia el sector privado. Por el contrario, afirmó que su gobierno promueve la inversión y la competencia, pero rechazó el esquema que —según dijo— permitió a algunos grupos económicos operar con ventajas otorgadas por el Estado.
“La discusión no es contra las empresas ni contra el empresariado”, explicó ante los presentes. En su planteo, la crítica se dirige a lo que denominó empresarios que “cazan en el zoológico”, es decir, compañías que dependen de regulaciones, aranceles o restricciones a la importación para sostener sus negocios.
Uno de los momentos más tensos de su exposición llegó cuando abordó el conflicto vinculado a la industria del neumático y mencionó la situación reciente de Fate. Milei vinculó el despido de 920 trabajadores en esa empresa con lo que describió como presiones para mantener mecanismos de protección comercial.
Según explicó, uno de los puntos de fricción fue un arancel antidumping que desde 2020 se aplicaba a las importaciones de hojas de aluminio provenientes de China. Ese gravamen, cercano al 28%, funcionaba como una barrera para limitar la competencia externa y proteger a la producción local.
Para justificar su postura a favor de la apertura, el mandatario recurrió a un ejemplo sencillo sobre el impacto de esas políticas en los precios. Señaló que cuando un producto tiene un valor internacional determinado y el Estado levanta barreras para impedir el ingreso de competidores, el resultado suele ser un aumento considerable del precio para el consumidor.
Bajo esa lógica, sostuvo que los costos de las políticas proteccionistas terminan trasladándose a la población. “Si un neumático vale 100 dólares y el político levanta una pared para que haya que pagarlo 400, claramente hay un problema”, planteó ante el auditorio.
En su exposición también se refirió a lo que considera el proceso de reorganización del mercado laboral que podría generarse a partir de la apertura económica. Desde la perspectiva del Presidente, la reducción de protecciones a determinados sectores no implica necesariamente una pérdida permanente de empleos, sino un proceso de reasignación hacia áreas más competitivas.
De acuerdo con su planteo, cuando los consumidores pagan menos por determinados bienes importados, el dinero que ahorran se destina a otros productos o servicios. Ese cambio en el consumo, explicó, termina generando nuevas oportunidades en sectores con mayor productividad.
La presentación ante inversores internacionales tuvo además un fuerte componente político. Milei insistió en que el sistema de protección industrial que rigió durante años no fue diseñado para mejorar la competitividad, sino para sostener acuerdos entre empresarios y dirigentes políticos.
En ese sentido, lanzó una de las frases más polémicas de su discurso al afirmar que, bajo lo que denominó “principio de revelación”, quienes defienden la industria nacional suelen hacerlo —según su visión— para preservar beneficios obtenidos mediante vínculos con el poder.
Para el mandatario, el problema de fondo no es el concepto de producción nacional en sí mismo, sino lo que describió como un “nacionalismo económico de baja calidad” que, en su opinión, funcionó como cobertura para prácticas de corrupción.
El Presidente también apuntó contra etapas recientes de la política argentina. Durante su exposición sostuvo que las tensiones entre el kirchnerismo y algunos empresarios industriales respondían en realidad a disputas por negocios o negociaciones con el poder.
Más allá de esas críticas, el tramo final de su presentación estuvo enfocado en variables financieras y en el rumbo macroeconómico. Allí destacó la caída del riesgo país registrada en los últimos meses, que —según indicó— pasó de niveles cercanos a los 2.500 puntos básicos a valores en torno a los 550.
Para el gobierno, esa reducción refleja una mejora en la percepción de los mercados internacionales sobre la economía argentina. Sin embargo, Milei advirtió que aún persiste lo que llamó “riesgo político”, una incertidumbre vinculada a la posibilidad de cambios en el rumbo económico a futuro.
El mandatario planteó que ese factor sigue siendo observado por los inversores y lo relacionó con la posibilidad de que en el futuro retornen políticas económicas que, a su entender, fueron responsables de crisis recurrentes en el país.
En su análisis, el nivel del riesgo país influye directamente en el costo del financiamiento que enfrenta la Argentina. Según explicó, si el indicador se mantiene en torno a los 550 puntos, la economía podría crecer a tasas de entre 4% y 5% anual.
Pero si lograra descender a niveles cercanos a los 220 puntos —un rango más habitual en economías emergentes con mayor estabilidad— el crecimiento podría ubicarse entre el 7% y el 8% anual.
A partir de ese escenario más optimista, Milei sostuvo que el país podría ingresar en un ciclo de expansión prolongado. De acuerdo con su proyección, ese ritmo permitiría duplicar el tamaño de la economía en aproximadamente una década.
El mensaje ante los inversores buscó transmitir la idea de que el gobierno apuesta a un cambio estructural en el funcionamiento de la economía argentina. En ese esquema, la apertura comercial, la reducción de regulaciones y la eliminación de privilegios sectoriales aparecen como pilares centrales de la estrategia.
La presentación en Nueva York se dio además en un contexto en el que el gobierno intenta consolidar vínculos con el mundo financiero internacional. La Argentina Week funciona cada año como un espacio de encuentro entre funcionarios, empresarios y gestores de fondos interesados en el mercado local.
En ese escenario, el Presidente aprovechó la tribuna para reafirmar su visión sobre el rol del Estado y del sector privado. Su mensaje combinó promesas de crecimiento económico con críticas a lo que considera viejas prácticas del capitalismo argentino.
Con un tono confrontativo que ya se volvió habitual en su estilo político, Milei dejó en claro ante la audiencia que su gobierno buscará avanzar con reformas profundas, aun cuando eso implique confrontar con actores tradicionales de la economía nacional.