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CIENCIA Y GEOLOGÍA

La corteza terrestre podría estar abriéndose debajo de los Apeninos en Italia

Un nuevo estudio analiza por qué esta extensa cordillera presenta zonas donde el terreno se estira y otras donde se comprime.

La corteza terrestre podría estar abriéndose debajo de los Apeninos en Italia

Los Apeninos, la extensa cadena montañosa que atraviesa Italia de norte a sur, esconden bajo su superficie un fenómeno geológico que podría explicar una de las grandes contradicciones de la región: mientras algunas zonas se comprimen, otras se estiran y se separan. Un nuevo estudio científico plantea que la respuesta podría encontrarse a gran profundidad, en un proceso que modifica lentamente la estructura de la corteza terrestre.

La investigación, publicada en la revista científica Nature, propone que una parte de la corteza inferior y de la litosfera se estaría separando progresivamente. Este movimiento avanzaría hacia el mar Adriático y tendría un comportamiento similar al de una cremallera que se abre de manera gradual.

El fenómeno estaría relacionado con la llamada delaminación, un proceso mediante el cual las capas superiores de la corteza pierden contacto con materiales más densos ubicados debajo. Cuando esa estructura profunda se desprende, puede hundirse hacia el manto terrestre y alterar las fuerzas que actúan sobre las capas que permanecen por encima.

Como consecuencia, la corteza puede elevarse, extenderse o responder de distintas maneras a las tensiones que se producen en el interior del planeta. Esta dinámica permitiría explicar por qué en diferentes sectores de los Apeninos se observan movimientos aparentemente contradictorios.

La particularidad del nuevo modelo es que busca explicar esa combinación de fuerzas a partir de lo que ocurre debajo de la cordillera, en lugar de atribuir todos los cambios únicamente a los movimientos que se producen en los límites entre las placas tectónicas.

Los Apeninos se extienden por aproximadamente 1.200 kilómetros a lo largo de la península italiana. Su formación estuvo relacionada con el choque y la reorganización de grandes placas tectónicas, procesos que durante millones de años provocaron el plegamiento, desplazamiento y engrosamiento de la corteza.

Sin embargo, la evolución geológica de la cordillera no siguió un único patrón. En el sector que mira hacia el mar Adriático existen evidencias de compresión, mientras que en otras zonas se registran movimientos de extensión, es decir, sectores donde la corteza tiende a separarse horizontalmente.

Esta combinación llamó la atención de los investigadores durante décadas porque, a simple vista, ambos procesos parecen incompatibles dentro de una misma estructura montañosa.

Una de las explicaciones que se utilizó durante mucho tiempo estuvo relacionada con el retroceso de una placa en subducción. En términos simples, una placa tectónica se introduce por debajo de otra y, a medida que se desplaza hacia zonas más profundas del planeta, puede generar fuerzas capaces de modificar la superficie situada por encima.

Ese movimiento habría provocado efectos diferentes a ambos lados de los Apeninos. Mientras persistían las fuerzas de compresión en el sector oriental, hacia el oeste se desarrollaban condiciones favorables para la extensión de la corteza.

Uno de los resultados más visibles de este proceso se encuentra en la región del mar Tirreno, ubicada al oeste de los Apeninos. Allí se produjo una importante expansión de la corteza asociada a la evolución tectónica de la zona.

Los investigadores señalan que entre aproximadamente 10 y 2 millones de años atrás, este modelo permitió explicar buena parte de los cambios registrados en la región. En los Apeninos centrales, por ejemplo, se calcula que cerca de 100 kilómetros de acortamiento de la corteza tuvieron una relación aproximada con una extensión similar en el área del Tirreno.

La imagen que surge es la de un territorio sometido simultáneamente a fuerzas que actúan en direcciones diferentes. Mientras una parte del sistema se comprime, otra se separa, generando modificaciones profundas que continúan influyendo en el relieve italiano.

El nuevo estudio busca avanzar un paso más en esa explicación. En lugar de considerar solamente la interacción entre las placas, los científicos ponen el foco en la estructura profunda de la corteza y en la separación progresiva de materiales que se encuentran debajo de la cordillera.

Para llegar a estas conclusiones se tuvieron en cuenta distintas evidencias geológicas y geofísicas. Entre ellas se encuentran los registros de terremotos, los desplazamientos que experimenta el terreno y los datos obtenidos sobre la estructura interna de la Tierra.

La información permite observar que los movimientos registrados en la superficie no son uniformes. Existen zonas donde el terreno asciende y otras donde desciende, mientras que determinadas áreas muestran señales de compresión y otras de extensión.

La propuesta de la delaminación ofrece una posible explicación para ese comportamiento. Si una porción más densa de la estructura terrestre se desprende y comienza a hundirse hacia el manto, el equilibrio de fuerzas sobre la corteza puede modificarse de manera significativa.

Este tipo de procesos ocurre a escalas de tiempo geológicas y no representa una apertura repentina de la superficie. Se trata de transformaciones extremadamente lentas que se desarrollan durante millones de años, aunque sus efectos pueden quedar registrados en la forma de las montañas, los movimientos del terreno y la actividad sísmica.

Los Apeninos constituyen, en este sentido, un laboratorio natural para estudiar cómo interactúan las diferentes capas de la Tierra. La cordillera permite analizar de qué manera los procesos que ocurren a decenas de kilómetros de profundidad terminan influyendo en el paisaje que se observa en la superficie.

El hallazgo también podría ayudar a comprender mejor la evolución tectónica del Mediterráneo y la relación entre los Apeninos, el mar Tirreno y el Adriático. La región presenta una historia geológica compleja, marcada por desplazamientos de placas, zonas de subducción y cambios en la configuración de la corteza.

Por ahora, la hipótesis de los investigadores aporta una nueva pieza para explicar cómo una misma cordillera puede experimentar simultáneamente compresión y extensión. La posible apertura de la corteza debajo de los Apeninos no implica que la cadena montañosa esté separándose de manera visible, sino que revela que su transformación continúa en las profundidades de la Tierra.

El estudio abre así nuevas preguntas sobre la evolución futura de la región y sobre la manera en que los movimientos internos del planeta pueden modificar lentamente las montañas y el territorio que las rodea.


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