Después de más de 50 años, la Luna vuelve a ser protagonista en la agenda espacial de Estados Unidos. La NASA confirmó que la ventana de lanzamiento de Artemis II, la primera misión tripulada que viajará al entorno lunar desde el histórico programa Apollo, se abrirá el próximo 6 de febrero y se extenderá hasta abril.
Se trata de un paso clave dentro del programa Artemis, una iniciativa de largo plazo que busca restablecer la presencia humana más allá de la órbita terrestre y sentar las bases para futuras misiones de exploración profunda. Aunque no incluye un alunizaje, Artemis II marcará el regreso efectivo de astronautas al entorno lunar tras décadas de ausencia.
La misión tendrá una duración aproximada de diez días y consistirá en un sobrevuelo completo alrededor de la Luna. El objetivo principal será validar todos los sistemas necesarios para vuelos tripulados de larga duración en el espacio profundo, una instancia indispensable antes de intentar el retorno humano a la superficie lunar.
La nave Orion será el eje central de la misión. Diseñada para transportar astronautas más allá de la órbita baja terrestre, permitirá evaluar el desempeño de los sistemas de soporte vital, navegación, comunicaciones y protección frente a la radiación, condiciones críticas para futuras misiones tanto a la Luna como a Marte.
Artemis II representa el punto intermedio entre Artemis I, que en 2022 realizó un vuelo no tripulado alrededor de la Luna, y Artemis III, la misión que tiene como objetivo concretar un nuevo alunizaje humano. En ese sentido, el vuelo funcionará como un ensayo completo en condiciones reales, pero con tripulación a bordo.
La dotación estará integrada por cuatro astronautas. Reid Wiseman será el comandante de la misión, acompañado por Victor Glover como piloto y Christina Koch como especialista de misión. El equipo se completa con Jeremy Hansen, astronauta canadiense, lo que refuerza el carácter internacional del programa y la cooperación entre agencias espaciales.
El lanzamiento se realizará desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, utilizando el cohete Space Launch System (SLS), el más potente desarrollado hasta el momento por la NASA. La secuencia inicial será similar a la de Artemis I, aunque con la complejidad adicional que implica transportar personas a bordo.
Tras el despegue, el SLS impulsará a Orion fuera de la atmósfera terrestre y se desprenderá progresivamente de sus componentes. La nave, junto a la etapa superior, completará dos órbitas alrededor de la Tierra para verificar el correcto funcionamiento de todos los sistemas antes de avanzar hacia la fase más crítica de la misión.
Ese procedimiento permitirá ajustar la trayectoria y alcanzar la velocidad necesaria para la maniobra de inyección translunar, que marcará el inicio del viaje de aproximadamente cuatro días rumbo a la Luna. Durante ese tramo, la tripulación realizará distintas pruebas operativas y de control, antes de ceder el manejo de la nave a los equipos en tierra.
Una vez en el entorno lunar, Orion ejecutará un sobrevuelo completo alrededor del satélite natural y luego iniciará el camino de regreso a la Tierra. El reingreso atmosférico será otro de los momentos clave del vuelo, ya que permitirá evaluar el escudo térmico de la nave en condiciones extremas.
Antes de la confirmación de la ventana de lanzamiento, la tripulación completó un ensayo general conocido como prueba de demostración de cuenta regresiva. Durante esa simulación, los astronautas replicaron paso a paso el día del despegue, incluyendo el uso de los trajes espaciales y las operaciones de ingreso y salida de la cápsula.
Ese entrenamiento se realizó en el Edificio de Ensamblaje de Vehículos, mientras continúan los ajustes finales del cohete, la nave y los sistemas terrestres que acompañarán la misión. La preparación minuciosa es considerada fundamental para reducir riesgos en un vuelo que marcará un antes y un después en la exploración espacial tripulada.
Con Artemis II, la exploración lunar deja de ser una promesa a futuro y se convierte en una operación concreta. Aunque no habrá huellas humanas sobre la superficie, el viaje marcará el regreso del ser humano al entorno de la Luna y abrirá una nueva etapa en la carrera por expandir los límites de la presencia humana en el espacio.