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CAMBIO CLIMÁTICO

¿El cambio climático puede provocar más terremotos? Qué dice la ciencia

El deshielo, las lluvias y las sequías pueden modificar el peso y la presión sobre la corteza terrestre, favoreciendo movimientos en fallas activas.

¿El cambio climático puede provocar más terremotos? Qué dice la ciencia

El cambio climático no provoca terremotos por sí solo, pero puede modificar las condiciones que rodean a las fallas geológicas y favorecer movimientos sísmicos en determinadas regiones. El deshielo de glaciares, las lluvias intensas, las sequías y las variaciones en el nivel de lagos y embalses son algunos de los factores que la ciencia analiza.

La explicación tradicional de los terremotos está vinculada al movimiento de las placas tectónicas. Sin embargo, distintos estudios muestran que los cambios en la cantidad de agua o hielo sobre la superficie también pueden alterar las presiones que soporta la corteza terrestre.

Uno de los mecanismos estudiados es el llamado rebote isostático. Cuando una enorme masa de hielo desaparece, la superficie terrestre deja de soportar ese peso y puede elevarse lentamente. Ese proceso modifica las tensiones existentes y, en zonas con fallas activas, puede facilitar nuevos movimientos.

La evidencia histórica muestra que algo similar ocurrió después de la última era de hielo. El retroceso de grandes glaciares estuvo acompañado por fuertes terremotos en regiones del norte de Europa, algunos de ellos de magnitud superior a 8.

Investigaciones más recientes también analizaron este fenómeno en las Montañas Sangre de Cristo, en Colorado. Allí, científicos observaron que una falla aceleró su desplazamiento luego del retroceso de los glaciares. El cambio en la presión ejercida sobre la corteza habría facilitado el movimiento de la estructura geológica.

El agua también cumple un papel importante. En zonas montañosas, el deshielo puede infiltrarse por fracturas profundas y modificar la presión dentro de la roca. Estudios realizados en los Alpes detectaron un aumento estacional de la actividad sísmica asociado con la llegada del agua proveniente del deshielo.

Las altas temperaturas pueden profundizar este proceso debido al retroceso de glaciares y del permafrost, el suelo que permanece congelado durante largos períodos. Al cambiar las vías por las que circula el agua bajo tierra, también pueden modificarse las condiciones de las fallas.

La sequía constituye otro factor de interés. Cuando disminuye de manera significativa el nivel de un lago, la superficie pierde parte del peso que ejercía el agua. Investigaciones realizadas en el Rift de África Oriental encontraron que la reducción histórica del nivel del lago Turkana estuvo relacionada con un aumento en el movimiento de varias fallas.

Los especialistas también estudian el efecto de las lluvias intensas, los grandes embalses y las variaciones abruptas en ríos y lagos. En determinados contextos, esos cambios pueden alterar la presión sobre la corteza y contribuir a desencadenar movimientos en fallas que ya acumulaban tensión.

Esto no significa que el cambio climático vaya a generar terremotos en cualquier lugar ni que permita anticipar cuándo ocurrirá uno. La actividad sísmica continúa dependiendo principalmente de los procesos tectónicos y de las características propias de cada falla.

La importancia de estas investigaciones está en comprender cómo los cambios ambientales pueden modificar un sistema geológico que ya se encuentra bajo tensión. A medida que aumentan el deshielo, las lluvias extremas y las sequías, la ciencia busca determinar hasta qué punto esas transformaciones pueden influir en la frecuencia y el comportamiento de los terremotos.

 


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