Mientras los fenómenos meteorológicos extremos mantienen en alerta a distintas regiones del mundo, el Atlántico atraviesa una calma excepcional y el Pacífico vive una temporada particularmente activa. El contraste tiene un factor en común: el fenómeno de El Niño, que modifica las condiciones atmosféricas y oceánicas de manera diferente en cada cuenca.
En el Atlántico, la combinación de aire seco, una atmósfera estable y una fuerte cizalladura del viento está frenando el desarrollo de tormentas tropicales. En el Pacífico, en cambio, las condiciones favorecen la formación y el fortalecimiento de estos sistemas.
El Atlántico atraviesa su mayor calma desde 1941
En lo que va de 2026, el Atlántico registró apenas cinco tormentas tropicales y ningún huracán. La energía ciclónica acumulada (ACE), una medida que combina la duración y la intensidad de los sistemas, se ubica en 4,4, el nivel más bajo desde 1941.
Septiembre suele marcar el pico de la temporada de huracanes del Atlántico. Sin embargo, este año la actividad permanece muy por debajo de lo habitual.
El meteorólogo Phil Klotzbach, autor principal del pronóstico estacional de la Universidad Estatal de Colorado, señaló que la temporada registra niveles excepcionales de cizalladura del viento. Según sus proyecciones, existe un 97% de probabilidad de que la actividad durante las próximas dos semanas permanezca muy por debajo del promedio.
La cizalladura aparece cuando la velocidad o la dirección del viento cambian con la altura. Cuando es intensa, puede desorganizar las tormentas e impedir que los sistemas tropicales se desarrollen.
El aire estable también funciona como una barrera: limita las ondas tropicales que avanzan desde África hacia el Atlántico y reduce las posibilidades de que se transformen en huracanes.
El Niño explica parte de la diferencia
El mismo fenómeno climático que contribuye a frenar al Atlántico está favoreciendo la actividad en el Pacífico.
Durante los episodios de El Niño, las aguas más cálidas se desplazan hacia las zonas orientales del Pacífico. Ese calor oceánico aporta energía a las tormentas tropicales. Al mismo tiempo, la cuenca presenta una menor cizalladura del viento, un escenario que facilita la intensificación de los ciclones.
En el Atlántico ocurre prácticamente lo contrario. El Niño incrementa la cizalladura sobre el Caribe y favorece el descenso de aire estable sobre el Atlántico central, dos condiciones que dificultan la formación de huracanes.
El resultado es un marcado contraste entre ambas cuencas.
Tres huracanes avanzan por el Pacífico
El Pacífico central y oriental presenta una actividad muy superior. En estos momentos, tres huracanes -Lowell, Karina y Marie- se encuentran activos prácticamente en línea entre las costas de México y Hawái.
Durante 2026 ya se formaron 15 depresiones y tormentas tropicales en estas zonas, y las condiciones atmosféricas y oceánicas indican que la actividad podría continuar.
El sistema que genera mayor preocupación es Lowell, un huracán de categoría 4 que se encuentra al sur de Hawái. El pronóstico indica que podría girar hacia el norte y pasar cerca de las islas durante los próximos días.
La trayectoria todavía presenta diferencias entre los modelos meteorológicos. Si el sistema mantiene su intensidad, podría provocar fuertes lluvias, vientos y marejadas ciclónicas, especialmente en las islas de Kauai y Oahu.
Los pronósticos citados en la información disponible estiman acumulados de lluvia superiores a 200 litros por metro cuadrado en algunas zonas hasta mediados de la próxima semana.
Más hacia el este, el huracán Marie avanza hacia el noroeste y permanece alejado de la costa de México y de Estados Unidos. Sin embargo, su influencia podría sentirse en el litoral.
El oleaje generado por el sistema podría alcanzar sectores de la costa del suroeste de México y Baja California y extenderse hacia el sur de California.
Además, parte de la humedad tropical podría ser transportada hacia California y generar lluvias intensas y tormentas durante el fin de semana y los días posteriores.