El Tribunal Oral en lo Criminal I de La Plata resolvió absolver a Juan Ignacio Buzali, exmarido de Carolina Piparo, en el juicio por el atropello a dos motociclistas ocurrido en enero de 2021. Los jueces determinaron que no existió intento de homicidio, tal como sostenía la acusación, sino un hecho de lesiones que ya prescribió por el paso del tiempo, lo que dejó sin efecto cualquier sanción penal.
La decisión implica un giro clave en la causa, que durante años estuvo marcada por la gravedad de la imputación inicial. Según el fallo, no se pudo acreditar que el acusado haya actuado con intención de matar, un elemento central para sostener la figura de tentativa de homicidio. En cambio, el hecho fue encuadrado como lesiones, un delito menor que, en este caso, ya no podía ser perseguido judicialmente.
El episodio que originó el proceso ocurrió durante la madrugada del 1 de enero de 2021. De acuerdo al relato que dio inicio a la causa, la pareja había sido víctima de un robo cometido por motochorros. Minutos después, mientras se dirigían a realizar la denuncia, creyeron identificar a los presuntos delincuentes y comenzaron a seguir a un grupo de motociclistas.
La persecución terminó cuando el vehículo conducido por Buzali embistió a una moto en la que viajaban dos jóvenes, que resultaron heridos. Con el avance de la investigación se comprobó que no tenían relación alguna con el asalto denunciado previamente, lo que agravó la situación judicial del acusado en un primer momento.
Durante el juicio oral, tanto la fiscalía como los representantes de las víctimas insistieron en que se trató de un intento de homicidio. Incluso se habían solicitado penas de prisión efectiva. Sin embargo, el Tribunal se apartó de esa postura al considerar que no había pruebas suficientes para sostener esa calificación.
La defensa, por su parte, sostuvo desde el inicio que se trató de un hecho sin intención homicida, enmarcado en una situación de confusión. También cuestionó aspectos de la investigación, señalando irregularidades en la recolección de pruebas y en la preservación de la escena.
A lo largo del debate declararon las víctimas, testigos y distintos funcionarios que intervinieron tras el hecho. Los jóvenes atropellados relataron las consecuencias físicas del impacto y las secuelas que aún padecen. Además, se expusieron imágenes de cámaras de seguridad que permitieron reconstruir parte de la secuencia previa y posterior al choque.
Uno de los puntos que generó controversia fue la mención a un encuentro posterior entre una de las víctimas y Piparo. Según el testimonio, se le habría propuesto modificar su declaración, algo que fue reconocido parcialmente pero no profundizado durante el juicio.
El proceso también dejó en evidencia dificultades en la investigación inicial, especialmente en la obtención de pruebas clave en los primeros días. Estas falencias fueron señaladas durante el debate y formaron parte del contexto evaluado por los jueces al momento de dictar sentencia.
Con este fallo, la causa llega a su cierre luego de más de cinco años. La resolución no solo descarta la acusación más grave, sino que además extingue la posibilidad de una condena al considerar que el delito determinado ya no puede ser juzgado.
El desenlace, lejos de cerrar la discusión, vuelve a poner el foco en el accionar judicial y en cómo se interpretan hechos complejos donde intervienen situaciones de tensión, errores y consecuencias graves.