El asesinato de una adolescente de 14 años hallada en un terreno baldío volvió a poner en el centro de la escena a la investigación penal y a las decisiones judiciales previas que rodean al único acusado, Claudio Gabriel Barrelier, de 33 años, actualmente detenido e imputado por homicidio. Mientras avanza la recolección de pruebas forenses y tecnológicas, un testimonio clave que se conoció en las últimas horas expone antecedentes que podrían modificar el rumbo de la causa.
Una joven que en 2025 había denunciado al mismo hombre decidió hablar públicamente tras la confirmación del crimen. Según su relato, logró sobrevivir a un episodio de extrema violencia ocurrido en una vivienda donde habría sido retenida contra su voluntad. La víctima aseguró que fue amenazada con un arma de fuego, inmovilizada y sometida a una situación de absoluta vulnerabilidad, de la que pudo escapar en un descuido del agresor. Su testimonio volvió a instalar la discusión sobre las alertas tempranas que no habrían sido atendidas en aquel momento.
La mujer también cuestionó con dureza el accionar judicial posterior a su denuncia. Según sostuvo, el acusado fue liberado semanas después de haber sido detenido pese a la gravedad de las pruebas presentadas. Ese antecedente, ahora en el centro del debate, adquiere una nueva dimensión a partir del crimen que se investiga y del vínculo entre ambos episodios.
En paralelo, la causa por el femicidio avanza con una serie de peritajes considerados determinantes. El equipo fiscal espera los resultados de la autopsia para establecer con precisión la mecánica de la muerte, incluyendo posibles signos de violencia física, asfixia o lesiones compatibles con un ataque previo o posterior al deceso. También se aguardan estudios complementarios para determinar si existió abuso sexual, un elemento que podría agravar la imputación.
Otro de los puntos clave de la investigación es el cronotanatodiagnóstico, que permitirá estimar la hora exacta de la muerte. Esa información será cruzada con registros de telefonía celular y antenas de la zona para reconstruir los movimientos del acusado en la franja horaria crítica. A esto se suman los análisis sobre dispositivos electrónicos secuestrados, que incluyen teléfonos móviles y otros soportes digitales que podrían aportar mensajes, ubicaciones o contactos relevantes.
El trabajo pericial también se concentra en el vehículo del imputado y en la vivienda donde habrían ocurrido los hechos. Allí se buscan rastros biológicos, huellas y cualquier evidencia que permita reforzar la hipótesis acusatoria o establecer nuevas líneas de investigación. Todo el material recolectado será clave para definir la situación procesal del detenido.
La causa, que ya generó impacto institucional, sumó además la reacción de autoridades del área de seguridad, que reclamaron revisar el accionar de los organismos judiciales intervinientes en la etapa previa. El caso abrió un debate más amplio sobre los mecanismos de evaluación de riesgo en situaciones de violencia extrema y la respuesta del sistema penal ante denuncias previas.
Mientras tanto, la investigación continúa bajo estricta reserva y con expectativas puestas en los próximos resultados forenses, que podrían resultar decisivos para el avance del expediente y la eventual recalificación del delito.