El funcionario Santiago Oría quedó en el centro de una polémica en redes sociales luego de que varias cuentas que respondieron a una de sus publicaciones dejaran expuestas instrucciones que aparentaban formar parte de una estrategia automatizada de difusión.
El episodio comenzó cuando Oría respondió en X a una publicación de Alejandro Rozitchner sobre la pobreza y las políticas populistas. “Son pobristas!!! Piden literalmente estar peor!!!”, escribió el funcionario.
El mensaje rápidamente alcanzó una amplia repercusión, pero la atención terminó puesta en las respuestas que aparecieron debajo. Varias cuentas publicaron mensajes favorables a Oría y críticas al kirchnerismo, aunque algunas dejaron visibles indicaciones como “Reply 11”, “Reply6”, “Reply8” o “Reply3”.
La particularidad llamó la atención de los usuarios porque las cuentas parecían seguir una misma secuencia de publicaciones. Además, algunas presentaban perfiles vinculados con países como Indonesia o Nigeria, con contenidos principalmente en inglés y publicaciones relacionadas con criptomonedas.
A pesar de esas características, comenzaron a publicar en castellano mensajes alineados con el discurso político de Oría. La exposición de las instrucciones permitió a distintos usuarios señalar una posible coordinación entre las cuentas y cuestionar el alcance real de la repercusión obtenida por la publicación.
El objetivo de este tipo de mecanismos es amplificar determinados contenidos mediante cuentas automatizadas o coordinadas. Cuando funcionan de manera efectiva, pueden generar una mayor cantidad de respuestas e interacciones y dar la impresión de que una publicación consiguió un respaldo espontáneo mucho más amplio.
En este caso, el error estuvo en dejar a la vista parte de las instrucciones utilizadas para organizar las respuestas. Las capturas comenzaron a circular en X y el episodio rápidamente se convirtió en motivo de críticas y burlas contra el funcionario.
La polémica ocurre mientras Oría gana cada vez mayor protagonismo dentro de la comunicación digital del gobierno de Javier Milei. En las últimas semanas, el funcionario incrementó su actividad en redes y profundizó sus cuestionamientos contra dirigentes opositores, periodistas y economistas.
Su crecimiento también coincidió con una discusión interna sobre el funcionamiento del dispositivo digital del oficialismo y el lugar que ocupan distintos sectores dentro de la estrategia de comunicación presidencial.
Oría pasó a tener mayor visibilidad en un momento en que perdió fuerza parte del esquema digital asociado a Santiago Caputo, uno de los principales operadores políticos del Gobierno. Ese movimiento alimentó versiones sobre cambios en la conducción de la comunicación oficial.
Sin embargo, desde la Casa Rosada se encargaron de negar modificaciones formales en el organigrama. El vocero presidencial, Adrián Ravier, había hablado inicialmente de nuevas responsabilidades para Oría, aunque luego aclaró que no existía una transferencia oficial de funciones.
Más allá de esas precisiones, el funcionario dispone de una estructura digital con numerosas cuentas que difunden contenidos favorables al Gobierno y cuestionamientos a sus adversarios. Ese entramado volvió a quedar bajo la lupa tras el episodio registrado en X.
La controversia vuelve a poner en discusión una de las herramientas centrales de la política libertaria: la comunicación en redes sociales. Desde antes de llegar a la Presidencia, Milei construyó buena parte de su vínculo con sus seguidores a través de estas plataformas, que también se transformaron en un escenario permanente de confrontación política.
Ahora, una falla que dejó expuestas instrucciones internas convirtió una acción destinada a potenciar un mensaje en un problema para el propio Gobierno. El episodio, además, vuelve a abrir interrogantes sobre el alcance de las cuentas coordinadas y sobre quién tiene hoy mayor peso en la estrategia digital del oficialismo.