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ENERGÍA Y ECONOMÍA

Récord histórico en Vaca Muerta: Argentina alcanzó la mayor producción de petróleo de su historia

En enero el país superó los 4,26 millones de metros cúbicos de crudo, impulsado casi exclusivamente por Neuquén.

Récord histórico en Vaca Muerta: Argentina alcanzó la mayor producción de petróleo de su historia

En un escenario internacional atravesado por la tensión en Medio Oriente y la volatilidad del precio del crudo, la Argentina alcanzó un hito sin precedentes: en enero registró la mayor producción de petróleo de su historia, con 4.262.675 metros cúbicos, según datos oficiales del sector energético. El salto consolida una tendencia ascendente que tiene un nombre propio: Vaca Muerta.

El volumen extraído no solo superó el récord anterior —marcado en diciembre de 2025— sino que además quebró una barrera simbólica. En los últimos 325 meses, la producción nacional solo había logrado superar los 4 millones de metros cúbicos en 1999. Desde agosto de 2025, el ritmo de extracción se mantiene en niveles que no se veían hace 26 años, con un crecimiento interanual del 15,7%.

El fenómeno no es homogéneo en todo el país. Por el contrario, refleja un mapa energético cada vez más concentrado. La provincia de Neuquén, donde se encuentra el corazón del desarrollo no convencional, explicó casi siete de cada diez barriles producidos en el país durante enero. Con un crecimiento del 32,3% interanual, aportó el 69,7% del total nacional y se consolidó como el verdadero motor del petróleo argentino.

La contracara está en las cuencas convencionales. Santa Cruz registró su peor enero histórico, con una caída del 21,5%, mientras que Chubut marcó su nivel más bajo en 25 años. Mendoza también profundizó su declino estructural y hoy produce aproximadamente la mitad de lo que generaba a comienzos de siglo. El contraste es contundente: mientras el shale se expande a gran velocidad, los yacimientos maduros pierden peso año tras año.

Este récord productivo se da en un contexto global complejo. El precio del crudo Brent —referencia internacional— superó los 80 dólares por barril en medio del conflicto entre Irán e Israel y la amenaza de un eventual bloqueo en el estratégico Estrecho de Ormuz, por donde circula una porción significativa del suministro mundial de petróleo. La incertidumbre sobre la seguridad energética disparó la cotización y reconfiguró el tablero global.

Para la Argentina, el escenario presenta una doble cara. Por un lado, el alza del Brent funciona como un incentivo directo para las petroleras que operan en Vaca Muerta. Hasta hace pocos días, el crudo local se movía en torno a los 70 dólares; una cotización internacional sostenida por encima de los 80 mejora la rentabilidad de los proyectos, acelera decisiones de inversión y fortalece el ingreso de divisas por exportaciones.

En un país urgido de dólares y con la balanza energética en proceso de recomposición, el salto productivo puede transformarse en un pilar clave. El crecimiento del shale no solo permite sustituir importaciones, sino también ampliar las ventas externas, sobre todo hacia mercados que buscan proveedores confiables ante posibles interrupciones en el Golfo Pérsico.

Sin embargo, el “lado B” del récord también genera preocupación puertas adentro. El petróleo representa alrededor del 40% del costo final de los combustibles en los surtidores. Si la cotización internacional se mantiene elevada o continúa en ascenso, el traslado a los precios de la nafta y el gasoil podría impactar en la economía doméstica.

En provincias como Salta, donde el transporte de cargas es determinante para la actividad productiva —desde el agro hasta la minería— cualquier aumento en el gasoil repercute de manera directa en los costos logísticos. A su vez, el encarecimiento del combustible suele trasladarse a precios finales, presionando la inflación y afectando el bolsillo de los consumidores.

El Gobierno nacional enfrenta así un delicado equilibrio: aprovechar el viento de cola exportador sin que el efecto externo se traduzca en una nueva escalada inflacionaria. La política de precios internos y los acuerdos con las refinadoras serán determinantes en las próximas semanas.

En términos estructurales, el récord reafirma que el futuro petrolero argentino está cada vez más vinculado al desarrollo no convencional. La infraestructura de transporte, los oleoductos y la capacidad de exportación serán factores clave para sostener el crecimiento. Sin ampliaciones logísticas, el techo productivo podría volver a aparecer en el mediano plazo.

Al mismo tiempo, el contexto internacional refuerza la importancia estratégica de contar con abastecimiento propio. En un mundo donde la seguridad energética se volvió prioridad, la posibilidad de que se interrumpan flujos desde Medio Oriente obliga a refinerías y traders globales a buscar fuentes estables y previsibles. Allí, la Argentina puede ganar protagonismo si logra sostener reglas claras y un marco competitivo para la inversión.

El hito de enero no es un dato aislado, sino la confirmación de una tendencia. Con Vaca Muerta como epicentro y Neuquén liderando el crecimiento, el país perforó un nuevo techo histórico y se posiciona como un actor energético de peso en la región. La incógnita ahora es si podrá capitalizar el récord para consolidar desarrollo, empleo y estabilidad macroeconómica, o si el impacto externo terminará condicionando el beneficio interno.

En medio de la crisis global, la Argentina encontró una noticia positiva en su subsuelo. El desafío será administrar ese impulso en un contexto internacional incierto y con una economía que todavía busca equilibrio.


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