La madrugada del 1 de enero quedó marcada por una escalada de violencia inédita en Rosario de Lerma, donde enfrentamientos entre grupos numerosos derivaron en robos, ataques a vecinos, heridos de gravedad y serios disturbios en la vía pública. El saldo judicial fue la imputación de cinco personas —tres mayores de edad y dos menores— acusadas de participar en hechos cometidos en banda, con armas y bajo una modalidad que sembró temor en distintos barrios de la localidad del Valle de Lerma.
Según la reconstrucción de lo ocurrido, los primeros incidentes se registraron en inmediaciones de avenida Salta, donde comenzaron enfrentamientos entre patotas provenientes de distintos barrios. Con el correr de los minutos, la situación se desbordó: los grupos avanzaron armados con cuchillos, palos y piedras, atacando a transeúntes y vecinos que se cruzaban en su camino, en un contexto de total descontrol.
La violencia no fue un hecho aislado ni breve. Por el contrario, se extendió durante varias horas y se fue trasladando por distintos puntos de Rosario de Lerma, generando una sensación de inseguridad generalizada entre quienes intentaban regresar a sus casas tras los festejos de Año Nuevo. En varios sectores, los vecinos se resguardaron en sus viviendas al escuchar gritos, corridas y el impacto de objetos contundentes contra portones y ventanas.
Uno de los episodios más graves tuvo como víctima a un joven de 18 años, que fue interceptado por varios sujetos, golpeado brutalmente y despojado de sus zapatillas y su teléfono celular. El ataque, cometido en grupo, dejó al joven con lesiones que requirieron asistencia médica. Este hecho se convirtió en uno de los casos centrales de la investigación, por la violencia empleada y por el accionar coordinado de los agresores.
Pero no fue el único ataque. Otras personas resultaron heridas durante los disturbios, entre ellas dos adolescentes. Uno de los menores sufrió heridas provocadas por un arma blanca, lo que encendió aún más la alarma sobre el nivel de agresividad con el que actuaron los grupos involucrados. En medio de ese clima de tensión, una mujer vivió una escena dramática: mientras intentaba auxiliar a su hijo herido, su motocicleta fue incendiada, sumando un grave daño material a la angustia del momento.
La situación se tornó todavía más crítica cuando los disturbios se desplazaron hacia zonas sensibles de la ciudad. Las inmediaciones del hospital local y de la Comisaría Segunda se convirtieron en nuevos focos de violencia, con grupos que continuaron arrojando piedras y otros objetos contundentes, intimidando al personal policial y poniendo en riesgo tanto a trabajadores de la salud como a vecinos que se encontraban en el lugar.
Ante este escenario, la Policía desplegó un operativo para contener los ataques y restablecer el orden. Como resultado de la intervención, se logró demorar a seis personas sospechosas de haber participado en los hechos: tres mayores de edad y tres menores. Durante el procedimiento, además, se secuestró un cuchillo que habría sido utilizado en los ataques.
En el avance de la causa, el fiscal penal de Rosario de Lerma en feria, Daniel Alejandro Escalante, dispuso la imputación provisional de dos hombres de 19 años y uno de 41, acusados como coautores de una serie de delitos de extrema gravedad. Entre ellos figuran robo triplemente calificado por haber sido cometido en poblado y en banda, con armas y con la participación de menores de edad, en al menos dos hechos. A estas acusaciones se suman daños, lesiones agravadas por el concurso premeditado de dos o más personas y atentado a la autoridad.
En cuanto a los menores involucrados, dos adolescentes de 16 años fueron imputados como coautores de robo doblemente calificado por haber sido cometido en poblado y en banda y con armas, además de daños, lesiones agravadas y atentado a la autoridad. Un tercer menor, de 15 años, fue demorado durante los disturbios, pero al constatarse su edad y su condición de inimputable, recuperó la libertad.
Tras la audiencia de imputación, desde la Fiscalía se solicitó al Juzgado de Garantías en feria que los imputados permanezcan detenidos, al considerar la gravedad de los hechos, la violencia desplegada y el riesgo que implicaría su liberación para la comunidad. La causa continúa en investigación, mientras se analizan testimonios, registros y otros elementos recolectados durante el operativo policial.
Los disturbios de Año Nuevo dejaron al descubierto una problemática que preocupa a los vecinos de Rosario de Lerma: la reiteración de episodios de violencia protagonizados por grupos que actúan en banda, muchas veces con la participación de menores de edad y con un nivel de agresión cada vez mayor. La utilización de armas blancas, la quema de bienes y los ataques indiscriminados a personas al azar generaron un fuerte impacto social en la ciudad.
Durante las horas posteriores a los hechos, el tema dominó las conversaciones en los barrios afectados, donde vecinos expresaron su temor y su bronca por lo ocurrido. Muchos reclamaron mayor presencia policial y acciones preventivas más firmes, especialmente en fechas sensibles como las celebraciones de fin de año, cuando se incrementa la circulación de personas en la vía pública.
En ese contexto, los ataques frente al hospital y a la comisaría generaron una preocupación adicional, ya que pusieron en riesgo el funcionamiento de servicios esenciales. Personal de salud y efectivos policiales debieron actuar bajo presión, en medio de un clima hostil, para garantizar la atención de los heridos y evitar que la situación se desbordara aún más