En los límites de Orán, donde la ruta se pierde entre el monte y el río marca más una línea imaginaria que un control real, el narcotráfico tiene memoria larga. Este miércoles, un procedimiento de rutina de la Policía Federal terminó con el secuestro de 46 kilos de estupefacientes y la aparición de un símbolo que muchos creían enterrado: el delfín.
Los efectivos del Departamento de Investigaciones y de la Unidad Operativa Federal Orán hacían controles preventivos por el kilómetro 45 de la ruta 50, en la zona de El Paso, cuando divisaron un utilitario familiar que intentó eludirlos. El conductor aceleró, embistió los móviles y se fugó por los caminos de tierra. Lo persiguieron hasta que abandonó el vehículo cerca de la Comunidad Sola Suty.
Cuando los policías se acercaron, un grupo de personas salió del monte y empezó a tirar piedras para impedir que revisaran el auto. En ese contexto de riesgo, decidieron hacer la inspección ahí mismo. En la parte de atrás había dos bultos envueltos en arpillera. El detalle que saltó a la vista: el logo impreso de un delfín, el mismo que usaba la organización de Reynaldo “Delfín” Castedo en los cargamentos de la década pasada.
Trasladaron los paquetes a la dependencia y, con testigos y bajo orden de la Fiscalía Descentralizada de San Ramón de la Nueva Orán, los abrieron. Adentro había 35 kilos de cocaína en ladrillos prensados y 11 kilos de marihuana en paquetes irregulares. Todo quedó secuestrado en la causa por infracción a la ley 23.737.
La investigación sigue abierta. Quieren identificar al conductor que se escapó y reconstruir el circuito que iba a seguir esa droga: si bajaba hacia el sur del país o si se quedaba en la provincia para ser fraccionada. Por ahora, el dato concreto es que la marca del delfín volvió a aparecer en un operativo y que la geografía del norte salteño sigue siendo, para el narco, un refugio difícil de controlar.
Más allá de las condenas que cayeron sobre Castedo y su gente, el mensaje es claro: las estructuras viejas no se borran con un fallo judicial. En los pasos informales del Bermejo, el monte y los caminos de tierra, alguien sigue apostando a que el delfín puede nadar otra vez.