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En medio de la interna del PJ, Kicillof impulsa un frente amplio para enfrentar a Milei en 2027

El peronismo atraviesa una etapa de fuertes tensiones tras la derrota electoral de 2025.

En medio de la interna del PJ, Kicillof impulsa un frente amplio para enfrentar a Milei en 2027

Mientras el peronismo sigue atravesado por disputas internas, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, comenzó a mover fichas con la mirada puesta en las elecciones presidenciales de 2027. Desde su espacio político plantearon la necesidad de conformar un frente amplio que incluya sectores “de izquierda y de derecha” con el objetivo de enfrentar al presidente Javier Milei.

La propuesta fue expresada por el ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, uno de los funcionarios de mayor confianza del mandatario provincial. El planteo apunta a reunir a todos los espacios políticos que coincidan en una base mínima de ideas vinculadas al rol del Estado, la producción, el empleo y la institucionalidad.

El mensaje llega en un momento delicado para el Partido Justicialista, especialmente en la provincia de Buenos Aires, donde la derrota en las elecciones legislativas de 2025 abrió una nueva etapa de cuestionamientos, pases de factura y disputa por el liderazgo opositor.

Bianco reconoció que el peronismo atraviesa una fase de tensión interna, aunque relativizó el escenario y sostuvo que se trata de una consecuencia lógica luego de una derrota nacional. Según la mirada del oficialismo bonaerense, los distintos sectores todavía están procesando el resultado electoral y redefiniendo estrategias hacia adelante.

En términos políticos, la jugada de Kicillof busca mostrar amplitud y vocación de construcción más allá de los límites tradicionales del PJ. La idea de sumar espacios con diferentes perfiles ideológicos no es nueva en la política argentina, pero cobra fuerza frente a un escenario fragmentado y con un oficialismo nacional que mantiene centralidad.

El objetivo de máxima sería construir una alternativa competitiva para 2027, capaz de reunir al peronismo clásico, sectores progresistas, movimientos sociales, dirigentes territoriales y también referentes moderados desencantados con el rumbo libertario.

En paralelo, dentro del universo peronista persisten los cortocircuitos entre el kirchnerismo duro y el armado que responde a Kicillof. La relación se tensó aún más tras los comicios de medio término, cuando crecieron los reproches por la estrategia electoral y por el resultado en el principal distrito del país.

En ese contexto también se produjo la difusión de conversaciones privadas entre dirigentes justicialistas, episodio que volvió a exponer diferencias internas. Desde el entorno del gobernador intentaron bajarle el tono a la polémica y remarcaron que el verdadero adversario político está fuera del espacio.

La discusión de fondo, sin embargo, excede los cruces personales. Lo que se debate en el peronismo es quién conducirá la reconstrucción opositora y bajo qué identidad se buscará volver al poder. Algunos sectores apuestan a una línea más tradicional vinculada al liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner, mientras otros impulsan una renovación con eje en gobernadores e intendentes.

Kicillof, que conserva peso propio en la provincia de Buenos Aires, aparece como uno de los nombres con mayor proyección dentro de ese proceso. Su administración, además, se convirtió en uno de los principales polos de resistencia política frente a las medidas impulsadas por la Casa Rosada.

Para provincias como Salta, este reordenamiento no pasa desapercibido. Históricamente, los movimientos internos del PJ nacional terminan impactando en los armados locales, alianzas legislativas y estrategias electorales de cara a futuras elecciones. Lo que ocurra en Buenos Aires muchas veces marca el ritmo del debate peronista en el resto del país.

En el norte argentino también hay dirigentes atentos a la posibilidad de un frente más amplio que permita reunir a sectores hoy dispersos. La discusión sobre producción, federalismo, obra pública y economías regionales podría ser uno de los ejes para sumar apoyos fuera del AMBA.

De todos modos, falta tiempo para 2027 y el escenario político argentino suele cambiar con rapidez. La evolución económica, el desgaste o fortalecimiento del Gobierno nacional y la capacidad opositora para ordenar liderazgos serán factores decisivos.

Por ahora, la señal que baja el kicillofismo es clara: más allá de la interna, la prioridad pasa por construir volumen político para disputar el poder. El desafío será transformar esa idea en una coalición real, con acuerdos sólidos y sin que las peleas internas vuelvan a frustrar el intento.


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