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FUERTES CRÍTICAS

Manuel Adorni calificó de “perverso” el paro de la CGT y aseguró que “la gente odia a los sindicalistas”

El jefe de Gabinete cuestionó con dureza la medida de fuerza contra la reforma laboral y vinculó el conflicto con el cierre de Fate.

Manuel Adorni calificó de “perverso” el paro de la CGT y aseguró que “la gente odia a los sindicalistas”

En medio del paro nacional convocado por la CGT contra el proyecto de reforma laboral, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, lanzó fuertes críticas contra el sindicalismo y calificó la medida como “perversa” y “extorsiva”. Las declaraciones se dieron en una entrevista televisiva, en una jornada atravesada por la tensión política y el impacto del cese de actividades en distintos puntos del país, incluida la provincia de Salta.

El funcionario nacional sostuvo que la paralización del transporte público fue determinante para que millones de trabajadores no pudieran asistir a sus lugares de trabajo. En ese sentido, remarcó que “no hay nada más extorsivo y nada más en contra de la libertad y de la democracia que lo que están haciendo los sindicalistas”, en referencia directa a la conducción de la Confederación General del Trabajo.

El paro general se llevó adelante como respuesta al avance de la reforma laboral en el Congreso, una iniciativa que el Gobierno defiende como necesaria para modernizar el mercado de trabajo argentino, pero que desde el sindicalismo consideran un retroceso en materia de derechos adquiridos.

Las declaraciones de Adorni no pasaron desapercibidas. En uno de los tramos más polémicos de la entrevista, aseguró que “por algo la gente los odia”, en relación a los dirigentes gremiales, y afirmó que cuentan con un 80% de imagen negativa. “¿Cómo no van a tenerla si lo único que hacen es complicarle la vida al trabajador?”, expresó, profundizando el enfrentamiento entre el Ejecutivo y los sindicatos.

En Salta, el paro tuvo un impacto dispar. Mientras algunos sectores adhirieron a la medida y se sintió la reducción en el transporte y en la actividad administrativa, otros rubros, especialmente el comercio y parte del sector privado, funcionaron con normalidad o con servicios mínimos. En el microcentro salteño, muchos trabajadores se encontraron con dificultades para movilizarse, lo que generó malestar entre quienes no pudieron cumplir con sus tareas habituales.

El jefe de Gabinete también fue consultado por la situación de la Fate (Fábrica Argentina de Tejidos Engomados), que anunció su cierre y dejó a más de 900 empleados sin trabajo. Sobre este punto, Adorni consideró que “llama la atención” que una empresa que llevaba años atravesando conflictos sindicales haya decidido cerrar sus puertas en la antesala del tratamiento legislativo de la reforma laboral.

Según planteó, la firma acumulaba más de una década y media de disputas gremiales y paros que, a su entender, afectaron su funcionamiento. “Es llamativo que hoy se pregunten por qué cerró la empresa cuando hubo tantos conflictos previos”, señaló, sugiriendo que la crisis no puede analizarse de manera aislada del contexto sindical.

En otro tramo de sus declaraciones, el funcionario cuestionó lo que denominó como empresarios “prebendarios” y sostuvo que el caso de Fate representa una forma de hacer negocios que, según afirmó, pertenece a “una vieja Argentina que ya no existe más”. “Cuando ganaste, no decías nada; pero tampoco invertías ni te modernizabas”, lanzó, ampliando las críticas tanto al sindicalismo como a determinados sectores empresariales.

El conflicto en torno a la reforma laboral y el paro general vuelve a poner en el centro del debate el modelo productivo argentino y el rol de los sindicatos en la negociación colectiva. Desde el Gobierno insisten en que la normativa actual desalienta la contratación formal y genera altos niveles de litigiosidad, algo que, aseguran, termina perjudicando la creación de empleo genuino.

En contrapartida, la CGT sostiene que la reforma laboral implica una flexibilización que debilita la protección del trabajador, reduce indemnizaciones y abre la puerta a condiciones más precarias. Para el sindicalismo, el paro fue una herramienta legítima para visibilizar el rechazo a la iniciativa oficial.

En la provincia de Salta, donde el empleo privado formal convive con altos índices de informalidad, el debate no es menor. Sectores como la construcción, el comercio, la actividad tabacalera y la minería observan con atención cómo pueden impactar los cambios propuestos en la legislación laboral. Al mismo tiempo, gremios locales replicaron el discurso nacional y manifestaron su preocupación por posibles recortes de derechos.

Las declaraciones de Adorni endurecen aún más el clima político en un escenario ya atravesado por fuertes cruces en el Congreso. El tratamiento de la reforma laboral se da en un contexto económico complejo, con inflación persistente, caída del consumo y empresas que advierten dificultades para sostener sus niveles de producción.

Mientras tanto, el paro nacional y las repercusiones de los dichos del jefe de Gabinete profundizan la grieta entre el Gobierno y el sindicalismo. En Salta y en el resto del país, la discusión trasciende lo legislativo y se mete de lleno en la vida cotidiana de los trabajadores, que siguen de cerca un debate que puede redefinir las reglas del mercado laboral argentino en los próximos años.


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