El mundo de la locución argentina atraviesa un momento de profundo pesar tras la muerte de Marita Monteleone, reconocida popularmente como “la voz del teléfono”. Tenía 68 años y se encontraba internada en terapia intensiva desde hacía varios días. Su fallecimiento se produjo este miércoles, generando impacto en el ambiente artístico y en quienes crecieron escuchando sus recordadas frases telefónicas.
La trayectoria de Monteleone dejó una huella singular en la comunicación cotidiana del país. Su voz se convirtió en parte del sonido urbano de los años ‘90, cuando los sistemas de telefonía fija dependían de mensajes automáticos para informar a los usuarios sobre líneas ocupadas, números inexistentes o fallas en la conexión. Frases como “la característica marcada se encuentra momentáneamente congestionada” o “el número solicitado no corresponde a un abonado en servicio” quedaron grabadas en la memoria colectiva, al punto de transformarse en un sello de época.
Con el paso de los años, su trabajo trascendió lo funcional para convertirse en un fenómeno cultural. Su registro vocal fue reconocido dentro del ámbito de la locución profesional, donde obtuvo distinciones por su labor y llegó a ser valorada como una de las voces más identificables de la comunicación telefónica en el país. Incluso recibió premios y menciones que destacaron su aporte al desarrollo del lenguaje radiofónico y publicitario.
En paralelo a su carrera, en los últimos meses había atravesado un complejo escenario personal y de salud. Tras una intervención quirúrgica en la rodilla, su recuperación se vio condicionada por una internación prolongada. En ese contexto, también se conocieron conflictos familiares y judiciales vinculados a decisiones sobre su atención médica y su situación patrimonial, lo que sumó tensión a su estado general.
La noticia de su muerte se conoció mientras permanecía en terapia intensiva, luego de varios días de evolución delicada. Su entorno confirmó que los últimos tiempos estuvieron marcados por la internación y por un cuadro de salud que se había agravado progresivamente.
Más allá de las circunstancias de sus últimos días, su legado permanece ligado a una etapa particular de la vida cotidiana en Argentina, cuando las voces automáticas eran parte del vínculo entre las personas y la tecnología. En ese sentido, su trabajo se inscribe en la historia de la locución como una referencia ineludible de la comunicación sonora del país.
El impacto de su fallecimiento se refleja en la nostalgia de quienes recuerdan aquellas comunicaciones telefónicas que hoy parecen lejanas, pero que formaron parte del día a día durante décadas. Su voz, sin proponérselo, quedó asociada a una era tecnológica que ya no existe, pero que sigue presente en la memoria colectiva.