El avance sostenido de la sífilis en Argentina encendió una alerta nacional. En lo que va de 2025, los casos confirmados aumentaron más de un 20% respecto del año anterior y, si se mira la tendencia de los últimos cinco años, el salto trepa a casi el 70%. La infección, que afecta especialmente a jóvenes de entre 20 y 29 años, ya se ubica en niveles récord y puso en evidencia fallas profundas en la prevención, la educación sexual y el acceso temprano al sistema de salud.
Según datos oficiales, hasta la segunda semana de noviembre se registraron más de 41.000 contagios, muy por encima de los números previos a la pandemia. El incremento se observa en todas las regiones del país, aunque con ritmos distintos según la zona. En la población joven —particularmente en mujeres— el crecimiento resulta llamativo y rompe con las tendencias que históricamente mostraba la enfermedad. Para los profesionales, esta modificación responde a varios factores: encuentros casuales más frecuentes, menor uso del preservativo y una percepción errónea de que las infecciones de transmisión sexual son “fáciles de curar” y no requieren cuidados sostenidos.
Esta idea de “bajo riesgo” también aparece asociada al uso aislado de la PrEP, la profilaxis que previene el VIH. Aunque se trata de una herramienta fundamental, su incorporación en algunos grupos sin el complemento del preservativo favoreció que otras ITS, como la sífilis, la gonorrea y la clamidia, recuperen protagonismo. A esto se suma una realidad persistente: la educación sexual integral sigue siendo dispar en distintas regiones del país, lo que genera brechas de conocimiento y dificulta la adopción de hábitos de cuidado.
La sífilis congénita —la transmisión de la infección de la persona gestante al bebé durante el embarazo— es otro foco que preocupa. Solo en 2025 ya se confirmaron cientos de casos, una cifra que expone fallas en los controles prenatales. La detección precoz con análisis durante cada trimestre permite evitar complicaciones graves, pero muchas personas llegan tarde a los chequeos por dificultades económicas, falta de acceso a centros de salud o controles irregulares.
A pesar del crecimiento, los especialistas remarcan que la sífilis tiene cura. El tratamiento con penicilina se encuentra disponible de manera gratuita en hospitales y centros de salud. Ante síntomas como úlceras, sarpullidos en manos o pies, fiebre o ganglios inflamados, recomiendan acudir de inmediato a una consulta y solicitar un test, que también es gratuito y de aplicación sencilla. Incluso, en casos de alta sospecha, los profesionales pueden iniciar el tratamiento antes de contar con los resultados definitivos.
El aumento de la sífilis se suma a una tendencia más amplia que involucra a otras ITS. La hepatitis B volvió a mostrar un incremento en adultos mayores de 20 años, mientras que la viruela del mono, la gonorrea y la clamidia mantienen curvas ascendentes. El VIH —con alrededor de 140.000 personas viviendo con el virus en el país— también enfrenta desafíos, sobre todo ante la posibilidad de ajustes presupuestarios que podrían afectar la entrega de preservativos, test rápidos y estrategias clave como PrEP y PEP.
Para los especialistas, el camino hacia 2026 requiere una estrategia clara basada en tres pilares: prevención sostenida, diagnósticos tempranos y tratamientos garantizados. A esto se suma la necesidad de recuperar la presencia real y cotidiana de la educación sexual integral, no solo en las escuelas sino también en espacios comunitarios. El aumento de la sífilis, aseguran, es mucho más que un dato estadístico: es un llamado de atención sobre los cuidados que el país dejó de priorizar y sobre la urgencia de recuperar políticas de salud que eviten que miles de personas lleguen tarde a un diagnóstico que podría haberse resuelto a tiempo.