Argentina atraviesa un acelerado proceso de envejecimiento poblacional que está transformando la composición de la sociedad. Desde 1869, cuando más del 54% de la población tenía menos de 20 años, la estructura poblacional pasó a ser más equilibrada y envejecida. Para 2025, los menores de 20 representan menos del 30% y los mayores de 65 años alcanzan el 12,4% del total.
Esta transformación se debe a la combinación de una caída sostenida de la natalidad y una reducción de la mortalidad, que permite que más personas lleguen a edades avanzadas. La edad mediana de la población es uno de los indicadores más claros: mientras que en 1869 era de 17 años, hoy supera los 32, y en las últimas dos décadas creció más de cinco años.
A nivel nacional, el envejecimiento implica cambios importantes en la salud, la educación y la estructura laboral. Aunque el país todavía cuenta con un bono demográfico —con más personas en edad de trabajar que dependientes—, aprovechar esta ventaja requiere políticas que fomenten el empleo, la inversión y la inclusión social.
Comparado con otros países, Argentina vivió una transición demográfica temprana, similar a Europa a mediados del siglo XX, pero actualmente la edad mediana sigue siendo casi 13 años menor que la de España, mientras que otras naciones latinoamericanas han alcanzado o superado el ritmo argentino.
El aumento de la proporción de adultos mayores genera también nuevos desafíos sociales: demanda de servicios de salud especializados, adaptaciones urbanas, programas de recreación y políticas de inclusión laboral. La sociedad deberá adaptarse a hogares con más personas mayores y estructuras familiares cambiantes.
El envejecimiento poblacional se perfila como uno de los principales desafíos de las próximas décadas, afectando la economía, la planificación urbana, la educación y la salud. Comprender y anticipar estos cambios será clave para mantener la calidad de vida y garantizar la sostenibilidad social y económica del país.