Las obras viales estratégicas en rutas nacionales vuelven a ocupar un lugar central en la agenda de Salta, con avances concretos en corredores clave para la producción, la minería, el turismo y la integración regional. Con presupuesto nacional aprobado y acuerdos vigentes entre Nación y Provincia, los trabajos en las rutas 51, 16 y 40 muestran señales de continuidad y planificación a mediano plazo, un factor determinante para una provincia atravesada por largas distancias y economías regionales.
Desde Vialidad Nacional en Salta destacaron que contar con partidas definidas permite ordenar cronogramas, sostener frentes de obra y proyectar nuevas etapas. En un contexto donde la infraestructura vial resulta decisiva para reducir costos logísticos y mejorar la competitividad, las rutas nacionales se consolidan como una herramienta clave para el desarrollo provincial.
Uno de los proyectos más relevantes es el de la Ruta Nacional 51, una traza histórica que conecta el Valle de Lerma con la Puna y constituye la principal vía hacia los pasos internacionales al Pacífico. La pavimentación entre San Antonio de los Cobres y el paraje Sico marca un punto de inflexión largamente esperado en Salta, tanto por su impacto en la minería como por su rol estratégico en el comercio exterior.
Actualmente, los trabajos se concentran en el tramo Mina Poma–Alto Chorrillos, considerado uno de los sectores más exigentes por la altura y las condiciones climáticas. En esa zona, las tareas viales se desarrollan a casi 5.000 metros sobre el nivel del mar, lo que implica desafíos técnicos permanentes. Aun así, el avance de la obra permite proyectar un corredor más seguro y eficiente para el transporte de minerales y otros productos de la Puna salteña.
El plan integral sobre la Ruta 51 contempla la pavimentación de aproximadamente 150 kilómetros, con una ejecución escalonada que se extenderá durante los próximos cuatro o cinco años. La expectativa es que, a partir de 2026, se habiliten nuevos frentes de obra que permitan acelerar los plazos y consolidar esta vía como un eje logístico clave para Salta y el norte argentino.
Otro frente prioritario es el de la Ruta Nacional 16, una arteria fundamental para el este provincial y para la conexión con el NEA. Este corredor atraviesa zonas de fuerte actividad agrícola y ganadera, y resulta clave para localidades como Joaquín V. González, El Quebrachal y amplios sectores del departamento Anta.
Las obras en este tramo apuntan a la repavimentación de entre 80 y 90 kilómetros, desde el cruce con la Ruta Nacional 9 hasta más allá del dique El Tunal. El objetivo es mejorar las condiciones de transitabilidad en una ruta muy castigada por el tránsito pesado y el paso del tiempo. Según las proyecciones actuales, estos trabajos podrían estar finalizados hacia mediados de 2026.
Además, el plan contempla completar la traza hasta el límite con la provincia del Chaco, incluyendo los aproximadamente 50 kilómetros restantes hasta Taco Pozo. De concretarse ese cronograma, la Ruta 16 quedaría totalmente reacondicionada hacia 2027, fortaleciendo un corredor clave para la salida de la producción regional y la integración interprovincial.
En paralelo, la Ruta Nacional 40 vuelve a aparecer en el radar de las obras públicas, con la intención de reactivar tramos estratégicos en los Valles Calchaquíes. Se trata de sectores que habían quedado paralizados entre 2022 y 2023 y que hoy resultan fundamentales tanto para el turismo como para las economías locales.
Entre los tramos prioritarios se encuentran Molinos–Seclantás y Payogasta–acceso a Finca Palermo, zonas donde la ruta cumple un rol central para pequeños productores, comunidades rurales y el circuito turístico de los Valles. La reactivación de estas obras permitiría mejorar la conectividad, reducir tiempos de viaje y reforzar la seguridad vial en una de las rutas más emblemáticas del país.
Desde el organismo vial remarcan que Salta se posiciona actualmente como una de las provincias con mayor cantidad de obras de Vialidad Nacional en ejecución. En total, se contabilizan 11 proyectos convenidos, entre trabajos finalizados, obras en marcha y tramos pendientes de reactivación. Este volumen de intervenciones coloca a la provincia en un lugar destacado dentro del esquema nacional de infraestructura.
Más allá de los números, el impacto de estas obras se mide en términos concretos: reducción de costos logísticos, mayor competitividad para la producción salteña, impulso a la minería y al turismo, y mejores condiciones de circulación para quienes transitan a diario las rutas nacionales. En una provincia extensa y diversa como Salta, la inversión sostenida en infraestructura vial aparece como una condición indispensable para el crecimiento.
Con los principales corredores en obra o en proceso de reactivación, el desafío ahora pasa por sostener el ritmo de ejecución y cumplir los plazos previstos. Si ese escenario se consolida, Salta no solo mejorará su conectividad interna, sino que también podrá marcar un precedente a nivel nacional en materia de planificación y desarrollo vial estratégico.