Daniel Oxandaburu y su familia vuelven a vivir una pesadilla que ya conocen demasiado bien. A sus 57 años, este vecino de Villa Chartas pelea no solo contra una recaída de mieloma múltiple, sino también contra las demoras del sistema de salud salteño que amenazan con complicar su cuadro.
Desde fines de abril, cuando le confirmaron la recaída, Daniel espera la medicación que necesita con urgencia. Según relata, el trámite permanece paralizado y el tiempo corre en contra. “El cáncer no espera y nosotros tampoco podemos esperar”, dice con la voz cansada pero firme.
Su esposa, Sandra “Sany” Cabero, acompaña cada paso de esta batalla. Ella misma denuncia la situación en el Hospital San Bernardo: faltan agujas para realizar punciones de médula, no hay reactivos para los análisis y los insumos básicos brillan por su ausencia. “¿Cómo van a pedir una punción si no hay nada en el hospital?”, pregunta.
Daniel fue diagnosticado con mieloma múltiple en 2018. Tras años de tratamiento logró estabilizarse, pero en 2023 el cáncer regresó y ya en esa oportunidad tuvo que recurrir a recursos de amparo para acceder a los medicamentos. Ahora la historia se repite con una sensación de déjà vu angustiante.
“Parece que cada vez que aparece el cáncer tenemos que empezar de cero”, cuenta el paciente. Mientras los papeles y las autorizaciones se demoran, la enfermedad sigue avanzando. Para él y su familia, la mayor impotencia es sentir que la burocracia se interpone entre la vida y la posibilidad de seguir adelante.
La situación que vive Daniel no es un caso aislado, según su propio testimonio. En el San Bernardo, varios pacientes oncológicos estarían atravesando dificultades similares por la falta de medicamentos e insumos básicos para diagnósticos y seguimientos. “Si alguien va y pregunta, probablemente le digan que hay, pero la realidad que vivimos los pacientes es otra”, afirma.
Daniel solo pide respuestas concretas de las autoridades provinciales. Su reclamo es claro y humano: “Yo solamente quiero vivir. Quiero vivir como cualquier otra persona. Todos los pacientes con cáncer queremos vivir, sea un niño, un joven, un anciano o alguien de mi edad”. Mientras espera, el reloj sigue corriendo.
Fuente El Tribuno