El cierre del Paso de Jama alteró de manera abrupta la dinámica habitual de uno de los corredores internacionales más exigentes del norte argentino. La interrupción del tránsito hacia Chile dejó a decenas de vehículos detenidos en plena Puna y obligó a reforzar, casi de inmediato, la asistencia sanitaria para atender a los viajeros afectados por la altura, el frío y la espera prolongada.
La medida, dispuesta por autoridades chilenas, rige para el tramo comprendido entre el kilómetro 43 de la Ruta CH-27 y el complejo fronterizo, tanto para el ingreso como para la salida de vehículos. Según lo informado oficialmente, el cierre se mantendrá hasta las 13 del próximo lunes, aunque la situación se encuentra bajo evaluación permanente y sujeta a las condiciones operativas y climáticas.
Mientras tanto, del lado argentino se activó un operativo especial que combina asistencia sanitaria, monitoreo logístico y coordinación interinstitucional. El objetivo principal es garantizar la seguridad y la atención médica de quienes permanecen varados en una zona donde la altura y las bajas temperaturas pueden agravar rápidamente cualquier cuadro de salud.
Los números dan cuenta del impacto del cierre. Permanecen detenidos al menos 95 camiones, 35 automóviles, tres colectivos y tres motocicletas, además de pasajeros que debieron prolongar su estadía en un entorno hostil y con servicios limitados. A esa complejidad logística se sumó una consecuencia directa: el incremento sostenido de consultas médicas.
El sistema de emergencias reforzó su presencia en el Paso de Jama con móviles de alta complejidad, personal sanitario y conductores especializados. El despliegue, habitual durante la temporada de mayor circulación, debió ampliarse ante una demanda que superó ampliamente los registros normales. En jornadas habituales se realizan alrededor de 90 atenciones diarias, pero tras el cierre del paso ese número ascendió a entre 200 y 250 consultas por día.
Las asistencias incluyeron cuadros de diversa complejidad, desde descompensaciones leves hasta casos de mal agudo de montaña, una afección frecuente en contextos de altura que puede agravarse si no se trata a tiempo. Algunos pacientes debieron ser derivados a centros de mayor complejidad para recibir atención especializada, principalmente para estabilización y control clínico.
La permanencia prolongada en la zona, sumada al desgaste físico del viaje, la falta de descanso adecuado y las condiciones climáticas adversas, conformó un escenario de riesgo que exigió respuestas rápidas y sostenidas. Por ese motivo, el operativo sanitario se mantiene activo durante las 24 horas, con capacidad de respuesta inmediata ante emergencias.
En paralelo, se sostiene un canal de diálogo entre organismos provinciales, nacionales y autoridades chilenas para coordinar acciones y establecer protocolos que permitan actuar con mayor rapidez ante situaciones similares. La prioridad, coinciden las autoridades, es preservar la integridad física de los viajeros y evitar complicaciones mayores mientras dure la inhabilitación del corredor.
El personal asignado al paso fronterizo continúa cumpliendo sus funciones habituales, atento a cualquier modificación en el estado del tránsito. La reapertura del Paso de Jama dependerá de las evaluaciones técnicas y de seguridad que realicen las autoridades competentes, en un contexto donde las condiciones pueden cambiar de manera repentina.
En la altura, donde el cuerpo siente con crudeza cada hora de espera, el operativo sanitario se volvió una pieza clave para sostener la situación. Hasta que el corredor vuelva a habilitarse, la asistencia médica y el acompañamiento logístico seguirán siendo el principal respaldo para quienes quedaron, literalmente, a mitad de camino.