La imagen se repite desde hace varios días en la frontera norte de Salta: largas filas de personas con bidones y botellas esperan turno en los surtidores de Aguas Blancas. Muchos de quienes cargan combustible no son vecinos de la localidad salteña, sino habitantes de Bermejo que cruzan el río ante la falta de nafta en el sur boliviano.
La crisis de abastecimiento que atraviesa Bolivia se siente con fuerza en Tarija y se traslada de manera directa a este paso fronterizo. Lo que hasta hace poco era una excepción empezó a volverse costumbre y generó un nuevo punto de tensión entre ambos lados.
Desde las estaciones de servicio de Aguas Blancas aseguran que no hay restricciones formales para vender nafta a ciudadanos bolivianos. Sin embargo, reconocen que intentan priorizar a los vecinos de la localidad para que no se queden sin combustible.
Esa prioridad no termina de conformar a los habitantes de Aguas Blancas. Varios reclaman que exista la misma flexibilidad cuando ellos cruzan a Bermejo a comprar gas envasado, carnes, verduras y otros productos de primera necesidad.
La frontera entre Salta y Bolivia siempre funcionó como un espacio de intercambio cotidiano. Los precios y la disponibilidad de mercaderías de un lado y del otro marcan desde hace años qué se compra en cada país. Ahora el desabastecimiento de combustibles invierte parte de esa lógica.
En Bolivia las dificultades no se limitan a la nafta. El diésel también escasea y eso impacta en el transporte de pasajeros y de carga, con menos micros en circulación y mayores demoras. En algunos puntos incluso se limitó la venta en bidones y se reforzaron los controles para evitar cargas reiteradas.
Del lado argentino, la llegada de compradores bolivianos genera preocupación por el stock de las estaciones de servicio locales. Aunque todavía no se habla de desabastecimiento en Aguas Blancas, la demanda extra pone presión sobre un recurso que en la zona siempre fue sensible.
Los vecinos salteños insisten en que la reciprocidad debe ser completa. Si desde Bermejo se puede cruzar a cargar nafta sin mayores obstáculos, también debería facilitarse el ingreso de los productos que los argentinos adquieren del otro lado del río.
La situación actual muestra una vez más que la frontera no es solo una línea de control. Es un espacio económico vivo del que dependen miles de personas de ambos países y donde cualquier desequilibrio se siente de inmediato.
Mientras la escasez de combustibles en Bolivia no se resuelva, las filas en Aguas Blancas probablemente continúen. Y con ellas, el reclamo de los salteños por un trato más equilibrado en el intercambio diario de mercaderías y combustibles.