Un episodio inesperado tensó el clima en la Asamblea Nacional francesa cuando el embajador argentino en Francia, Ian Sielecki, se negó a comenzar su exposición al advertir que detrás suyo se exhibía un mapa que mostraba a las Islas Malvinas y el Atlántico Sur como parte del territorio británico. El gesto, firme y medido, obligó a una rápida reacción de las autoridades del recinto y derivó en un intercambio diplomático que no pasó inadvertido.
El hecho ocurrió en el marco de una reunión de la Comisión de Relaciones Exteriores, donde el representante argentino tenía previsto disertar sobre los vínculos bilaterales entre ambos países. Minutos antes de iniciar su discurso, Sielecki observó el material gráfico dispuesto en la sala y decidió plantear su objeción de manera pública. Aclaró que no podía expresarse frente a una representación que, desde su perspectiva, implicaba una validación de una situación contraria a la posición histórica de la Argentina.
Con un tono calmo pero categórico, señaló que el mapa constituía “un gran problema” para su país y subrayó que se trataba de una cuestión sensible desde el punto de vista jurídico y político. Explicó que, en su carácter de embajador, no podía hablar con normalidad ante una imagen que presentaba al archipiélago como parte del Reino Unido, ya que hacerlo equivaldría a legitimar una situación que la Argentina considera una violación del derecho internacional y de su soberanía.
Las palabras del diplomático generaron una respuesta inmediata por parte del presidente de la comisión, quien intentó bajarle el tono al conflicto al aclarar que Francia reconoce que se trata de un territorio en disputa y que no había intención de atribuir soberanía a ninguna de las partes. Sin embargo, la explicación no fue suficiente para destrabar la situación.
Sielecki insistió en que, más allá de las aclaraciones verbales, el mapa mostraba de manera explícita a las Islas Malvinas bajo dominio británico. Para graficar la incomodidad que le generaba la escena, trazó una comparación directa con otros conflictos internacionales y remarcó que ningún embajador aceptaría hablar frente a una representación cartográfica que contradiga la posición oficial de su país en una disputa de soberanía.
Antes de comenzar su intervención, solicitó de manera concreta que el mapa fuera cubierto durante su exposición. Tras unos minutos de intercambio, las autoridades del recinto resolvieron colocar un adhesivo de color amarillo sobre el sector en cuestión, ocultando el archipiélago. Recién entonces, el embajador accedió a continuar con su discurso y la sesión siguió su curso sin mayores sobresaltos.
El episodio volvió a poner en primer plano la sensibilidad que rodea la cuestión Malvinas en el ámbito diplomático y dejó en claro que, aun en espacios formales y de diálogo, los símbolos y las representaciones visuales tienen un peso político significativo. También expuso los cuidados que deben extremarse en escenarios internacionales donde confluyen miradas y posiciones históricamente enfrentadas.
Sielecki no es un nombre ajeno a situaciones que generan repercusión pública. A comienzos de 2020, cuando aún no ocupaba ningún cargo diplomático, protagonizó un momento incómodo para el entonces presidente Alberto Fernández durante una charla en París. En aquella oportunidad, como estudiante, formuló una pregunta directa sobre la responsabilidad del peronismo en la situación económica del país, lo que descolocó al mandatario frente al auditorio.
Nacido en la Argentina y formado en Francia, Sielecki se mudó a París a los 18 años tras finalizar sus estudios secundarios en el Liceo Franco Argentino Jean Mermoz. Allí cursó la licenciatura en Ciencia Política, aunque regresó al país en 2017 para sumarse a la campaña electoral de Cambiemos. Más tarde, comenzó a colaborar en la redacción de discursos y dio sus primeros pasos en la Cancillería.
Con el tiempo, volvió a instalarse en Francia para desempeñarse en el ámbito diplomático y, años después, fue designado embajador durante la actual gestión nacional. A sus 34 años, se convirtió en uno de los representantes argentinos más jóvenes en ocupar ese cargo estratégico. Su perfil combina formación académica, experiencia política y una marcada exposición pública, algo que volvió a quedar de manifiesto con el reciente reclamo en la Asamblea Nacional francesa.
El cruce por el mapa no derivó en un conflicto mayor, pero dejó una señal clara sobre la postura argentina frente a la cuestión Malvinas y sobre la disposición del embajador a expresarla sin rodeos, incluso en escenarios internacionales donde los gestos y las formas suelen cuidarse al extremo.