La Justicia decidió reactivar por completo la investigación por el crimen de Diego Fernández Lima y volvió a situar a Cristian Graf en el centro de las sospechas, luego de que la Cámara Nacional de Apelaciones resolviera dejar sin efecto el sobreseimiento que lo había beneficiado semanas atrás. Con esta medida, la causa regresa a una etapa de análisis profundo en busca de determinar quién participó del homicidio ocurrido hace cuatro décadas y cómo se ocultó durante tanto tiempo.
El fallo del Tribunal entendió que la investigación no puede darse por concluida cuando persisten múltiples indicios que requieren ser esclarecidos. Entre ellos, la relación que existía entre el acusado y la víctima, ya que ambos habían sido compañeros de colegio en la época en que ocurrió el crimen. Para los magistrados, ese vínculo, sumado a que los restos aparecieron en una propiedad habitada por Graf desde los años ‘70, es un dato imposible de pasar por alto en la reconstrucción del caso.
La Cámara sostuvo que la prueba analizada hasta ahora no permite descartar ninguna hipótesis respecto de la posible participación de Graf, ya sea como autor, cómplice o encubridor del homicidio. Por eso ordenó reabrir la causa y continuar con medidas que permitan avanzar en la verdad histórica de un hecho que había quedado archivado como una simple “fuga de hogar” en 1984.
Una desaparición que marcó una época
Diego Fernández Lima, de 16 años, fue visto por última vez el 26 de julio de aquel año, cuando salió de su casa tras almorzar con su mamá. Había pedido algo de dinero para visitar a un amigo y nunca regresó. El último rastro lo ubicó en la esquina de Rómulo Naón y Monroe, en Villa Urquiza. Sus padres denunciaron la desaparición de inmediato, pero la Policía archivó la causa bajo la hipótesis de que el adolescente se había ido por sus propios medios.
Pese a ese cierre prematuro, su familia inició una búsqueda incesante que se extendió durante años, repartiendo panfletos, hablando con vecinos y golpeando puertas en busca de cualquier dato. El padre de Diego falleció en 1986 sin conocer qué había pasado con su hijo, mientras el caso quedaba sumido en el silencio.
Esa quietud se quebró recién el 20 de mayo de este año, cuando un grupo de obreros que realizaba trabajos en un terreno de la avenida Congreso se topó con restos óseos enterrados a escasa profundidad. El hallazgo ocurrió en el jardín lindante con la casa donde viven los Graf desde hace más de cuatro décadas, un dato que inmediatamente despertó la intervención judicial.
El hallazgo que lo cambió todo
El Equipo Argentino de Antropología Forense analizó más de un centenar de fragmentos óseos y confirmó que pertenecían a Fernández Lima. Las pericias revelaron que el adolescente había sido asesinado de una puñalada en el pecho, cuya marca quedó registrada en una de las costillas. Luego, intentaron desmembrarlo y lo enterraron en una fosa improvisada de solo 60 centímetros de profundidad, un procedimiento burdo que evidentemente buscó ocultar el crimen sin demasiada planificación.
El giro más inesperado llegó cuando un antiguo compañero de colegio, que vive en el exterior, se comunicó con la fiscalía tras enterarse del hallazgo. Su testimonio permitió reconstruir el vínculo escolar entre la víctima y Graf, información que reforzó las sospechas ya existentes sobre el dueño de la casa donde aparecieron los restos.
A partir de ese momento, la investigación volvió a activarse con fuerza. El fiscal Martín López Perrando citó a declarar a Graf el 17 de octubre y lo acusó de encubrimiento. Diez días después, el juez de primera instancia lo sobreseyó, una decisión que generó cuestionamientos por la falta de análisis exhaustivo. Ahora, esa decisión quedó anulada.
Qué puede pasar ahora
Con la reapertura del expediente, la fiscalía tendrá margen para profundizar en líneas de investigación que antes habían quedado limitadas por el sobreseimiento. Se espera que en las próximas semanas se ordenen nuevas pericias, declaraciones ampliadas y reconstrucciones temporales que permitan entender qué ocurrió en la propiedad donde vivía la familia Graf en 1984.
Si bien la Justicia todavía no determinó el rol que pudo haber tenido el acusado, la Cámara estableció con claridad que no existe ninguna razón para excluirlo de la investigación en esta etapa. Al contrario, el vínculo previo con la víctima y la coincidencia del lugar del hallazgo con la vivienda familiar de Graf mantienen abiertas todas las posibilidades.
La reactivación de la causa no solo reaviva un crimen que permaneció silenciado durante 40 años, sino que también devuelve a la familia de Diego un sendero concreto para buscar respuestas. La decisión judicial abre una puerta que estuvo cerrada durante demasiado tiempo y ofrece la posibilidad de reconstruir una verdad largamente postergada.
Mientras la causa avanza, la expectativa social crece: no se trata solo de un expediente judicial, sino de una historia atravesada por el dolor, el paso del tiempo y el inesperado hallazgo que finalmente sacó a la luz lo que había permanecido enterrado durante décadas. En adelante, será la Justicia la que deberá resolver si Cristian Graf tuvo algún nivel de participación en el homicidio de Diego Fernández Lima o si deberá continuar la búsqueda de otros responsables en un caso que todavía tiene muchas preguntas sin respuesta.