La libertad condicional de Santos Marcelo Castillo, condenado a prisión perpetua por el asesinato del padre Ernesto Martearena, provocó dolor y sorpresa en la comunidad de Villa Asunción. El párroco Pablo Martínez expresó su solidaridad con la familia del sacerdote y advirtió sobre el impacto de la medida entre quienes mantienen vivo su recuerdo.
Martínez destacó especialmente el acompañamiento de la sobrina de Martearena y de sus familiares, quienes impulsaron la causa judicial y conservaron un vínculo estrecho con la comunidad a lo largo de los años.
El sacerdote reconoció que la noticia puede reabrir heridas, pero consideró que también representa una oportunidad para reforzar la memoria de Martearena y sostener su legado. En ese sentido, advirtió que olvidar su trabajo y su compromiso con los vecinos sería otra forma de injusticia.
Aunque no llegó a conocerlo personalmente, Martínez lleva nueve años en Villa Asunción y reconstruyó su historia a través de los testimonios de quienes compartieron su tarea pastoral. Según afirmó, el reconocimiento hacia el sacerdote continúa presente entre los vecinos, que recuerdan especialmente su compromiso con las necesidades del barrio.
Entre los avances asociados a su trabajo mencionó la urbanización, la llegada de una escuela, una comisaría y un centro de salud, además de la identificación de las calles. Para el párroco, estos logros reflejan una labor que Martearena desarrolló junto a la comunidad y que todavía forma parte de su identidad.
El recuerdo del sacerdote también permanece en la parroquia de Villa Asunción, donde su retrato continúa ubicado a los pies de la imagen de la Virgen. Martínez explicó que decidió conservarlo porque representa un testimonio de fe y un ejemplo de compromiso con los sectores más vulnerables.
Frente al impacto que generó la libertad condicional, el párroco insistió en la importancia de mantener presente la historia de Martearena, su servicio a los más necesitados y la huella que dejó en la comunidad.