La actriz y cantante Rocío Igarzabal hizo público un estremecedor testimonio sobre su infancia al revelar que fue víctima de abuso sexual desde los cinco años por parte de una persona de su entorno familiar. El mensaje, difundido en sus redes sociales, se viralizó en pocas horas y generó un fuerte impacto en la conversación pública, en una jornada atravesada por la consigna de Ni Una Menos.
La publicación incluyó imágenes de su niñez y un relato directo, sin eufemismos, en el que la artista describió lo vivido y el proceso de silenciamiento que atravesó durante décadas. El hecho de haber elegido un día de alta carga simbólica para la agenda feminista argentina potenció la repercusión de su mensaje, que rápidamente se multiplicó en plataformas digitales.
En su testimonio, la actriz relató que el abuso ocurrió por parte de una persona cercana en la que su familia confiaba, y que durante mucho tiempo cargó con sentimientos de culpa y vergüenza. También mencionó las consecuencias emocionales y psicológicas que atravesó en su vida adulta, en un proceso que recién pudo verbalizar con el paso de los años.
La secuencia de publicaciones fue escalando en intensidad. En una primera instancia, compartió una imagen de su infancia acompañada de una frase contundente sobre lo ocurrido. Luego profundizó en las secuelas que le dejó la experiencia, y finalmente cerró con un mensaje de carácter colectivo, donde puso el foco en la violencia contra niñas y mujeres y en la necesidad de sostener la lucha contra los abusos.
El posteo final fue el que mayor circulación tuvo en redes sociales, donde la artista expresó su deseo de transformar el dolor en un mensaje de acompañamiento hacia otras víctimas. En ese texto, remarcó la importancia de la visibilización y de no abandonar el reclamo social frente a las violencias de género, con una frase que se replicó ampliamente: la necesidad de no dejar de luchar.
La repercusión fue inmediata y generó una ola de respuestas de apoyo por parte de seguidores, figuras públicas y otras personas que compartieron experiencias similares. En los comentarios se multiplicaron los mensajes de contención, agradecimiento por la visibilización del tema y relatos personales que se sumaron a la conversación.
El impacto del testimonio se dio en paralelo a una nueva jornada de movilización por Ni Una Menos, que volvió a poner en agenda la problemática de la violencia de género en Argentina. A más de una década de la primera marcha, la consigna “Vivas, libres y desendeudadas nos queremos” volvió a resonar en distintos puntos del país, en un contexto atravesado por recientes casos de femicidios que reactivaron el reclamo social.
En ese marco, la revelación de Igarzabal sumó una nueva dimensión al debate público, al poner en primer plano la persistencia de las violencias sexuales en la infancia y el largo camino que atraviesan muchas víctimas hasta poder hablar. Su testimonio se integró así a una conversación colectiva que volvió a ganar fuerza en redes sociales y en la agenda pública.