Ángel Norberto Coerezza, uno de los árbitros más destacados de la historia del fútbol argentino, murió a los 92 años, dejando un legado que trascendió las canchas y la formación de nuevas generaciones de jueces. Su carrera lo llevó a representar al país en dos Mundiales y en los Juegos Olímpicos, consolidando su lugar entre los grandes del arbitraje nacional.
Nacido en 1933, debutó en la Primera División con apenas 24 años. Desde ese momento, su trayectoria estuvo marcada por la constancia y la excelencia, ganándose rápidamente un lugar de respeto tanto en el ámbito local como internacional. Entre 1957 y 1978, Coerezza se desempeñó como árbitro en la máxima categoría del fútbol argentino, destacándose por su capacidad de liderazgo y conocimiento del juego.
Su reconocimiento trascendió fronteras: fue seleccionado para dirigir en el Mundial de México 1970, un honor reservado a muy pocos árbitros argentinos. En 1976 participó de los Juegos Olímpicos de Montreal y, dos años después, regresó al escenario mundial como juez en el Mundial de Argentina 1978, donde tuvo el privilegio de arbitrar el partido inaugural del torneo, reflejo de su jerarquía y experiencia.
Tras retirarse de las canchas, su vínculo con el fútbol continuó a través de la formación de nuevas generaciones. Entre 1979 y 1989, lideró la Escuela de Árbitros de la AFA, transmitiendo su conocimiento y valores a quienes hoy mantienen viva la tradición del arbitraje argentino.
La Asociación del Fútbol Argentino (AFA) expresó su pesar por la muerte de Coerezza, destacando que “deja una huella profunda en la historia del arbitraje argentino y mundial. Maestro de generaciones, referente de conducta, formación y compromiso, su legado trasciende las canchas”.
Con una trayectoria marcada por el respeto y la vocación, Coerezza será recordado como un símbolo de la excelencia en el arbitraje. Su nombre quedó asociado a los valores más nobles del fútbol y continúa inspirando a quienes eligen el camino de juzgar y dirigir los partidos con justicia y pasión.