River entró en zona de cirugía mayor. Después de la final perdida ante Belgrano, Stefano Di Carlo dejó una definición que ordenó el clima interno del club y abrió un mercado de pases con una dimensión inesperada: la dirigencia decidió avanzar con la salida de alrededor de 15 jugadores del plantel profesional y concentrar ese presupuesto en cinco o siete refuerzos de mayor jerarquía.
El presidente de River habló en ESPN y puso palabras a un diagnóstico que ya circulaba en Núñez, pero con una escala más amplia de la prevista. No se trata solo de ajustar nombres ni de corregir puestos puntuales.
La conducción encabezada por Di Carlo, junto con Enzo Francescoli y el flamante director deportivo Pablo Longoria, resolvió cambiar la política habitual de esperar procesos, sostener contratos y administrar salidas con gradualidad.
Una decisión que cambia la escala del mercado
"He instruido al Director Deportivo, hemos tenido varias conversaciones en las que analizamos todo. Hemos decidido conjuntamente que van a salir en torno a 15 jugadores", dijo Di Carlo.
La frase marcó el tono del nuevo escenario: River pasará de una renovación moderada a una depuración fuerte, con ventas, cesiones y posibles salidas con el pase en poder de algunos futbolistas.
El dirigente explicó que el proceso deberá avanzar rápido. "Hemos cambiado un formato que ha sido habitual en nosotros de esperar procesos y cumplir contratos, pero la lógica será gestionar la salida de los jugadores. En algunos venderemos de la mejor manera y en otros venderemos peor de lo que compramos, asumiremos la pérdida, pero cortaremos una situación que no es sostenible", sostuvo.
La explicación económica ocupó un lugar central en su planteo. Di Carlo remarcó que el punto menos discutido es el costo laboral del plantel. "Tenemos que sacar a quince y, con ese presupuesto, concentrarlo en cinco o siete jugadores", afirmó. La idea de fondo es achicar la cantidad de contratos, elevar la calidad promedio y darle a Eduardo Coudet un grupo más corto, más competitivo y con mayor peso específico.
Coudet, Longoria y el nuevo tablero deportivo
El presidente ratificó el respaldo a Coudet en el inicio de su primer mercado de pases al frente del equipo. La dirigencia entiende que el entrenador necesita otro tipo de plantel para afrontar el segundo semestre, con el torneo Clausura, la Copa Sudamericana y la Copa Argentina por delante.
"Las incorporaciones nos van a dar un avance en términos de jerarquía. Eso vamos a hacer en este proceso. La situación es compleja. Yo no voy a permitir que esa situación se perpetúe. Hay que intervenir con mucha agresividad", señaló Di Carlo.
La frase condensa el cambio de clima. River viene de dos años sin títulos e hizo apuestas que no alcanzaron para sostener un funcionamiento convincente. Según el presidente, el club esperó procesos de adaptación y creyó que algunas correcciones puntuales podían recomponer la estructura del equipo. Esa etapa, al menos por ahora, quedó clausurada.
"Habrá que intervenir con mucha agresividad. Hay que achicar el plantel para tenerlo con 20 jugadores de élite, no más de 25, 30 y 35, por el costo laboral. Vos podés pagar mejor teniendo menos", describió.

Nicolás Otamendi, el primer paso de la reconstrucción de River
Otamendi como señal para el vestuario
La llegada de Nicolás Otamendi aparece como la primera señal fuerte del nuevo mercado. El defensor firmó contrato por 18 meses y fue presentado por Di Carlo como un refuerzo deportivo, pero también como una referencia interna.
"Lo que vemos en Otamendi es una referencia clara para el vestuario. Un tipo que te va a ordenar todo. Con mucha experiencia y un referente en el puesto. Estamos felices y orgullosos de sumar un campeón del Mundo", dijo.
El presidente vinculó esa incorporación con la búsqueda de jerarquía inmediata. River apunta a un mercado fuerte, con cinco o siete refuerzos capaces de modificar la dinámica del equipo desde el corto plazo. "Queremos generar un equipo competitivo, con jerarquía, que se imponga en la cancha", sostuvo.
Di Carlo también habló del interés por jugadores de alto costo y dejó una pauta sobre el criterio que usará el club. Al referirse a Thiago Almada, dijo que la operación es compleja por el monto, pero marcó que River no debe temer a esas cifras si la edad y el potencial de reventa justifican la inversión.
El balance de un semestre que no alcanzó
La final perdida ante Belgrano funcionó como punto de quiebre, aunque Di Carlo evitó instalar una mirada centrada en el arbitraje. El presidente reconoció el mérito del campeón y sostuvo que River debe buscar sus respuestas adentro.
"Hay maneras de ver el fútbol y la vida. Hay gente que cree que la culpa es del otro. Yo no creo eso. Belgrano es un buen campeón, tiene mucho mérito. Muchas veces se lo intentó perjudicar a River, pero River siempre dio vuelta esas historias en la cancha", afirmó.
Eso no le impidió cuestionar el funcionamiento arbitral. "Lo de los árbitros hace rato que se viene discutiendo en el fútbol argentino, ahora con el VAR quedan más expuestos los errores. Los que hacen mal su trabajo perjudican a sus pares", dijo.
La evaluación deportiva fue dura. Di Carlo admitió que, si al momento de la salida de Marcelo Gallardo le ofrecían llegar a una final y avanzar en el torneo internacional, el escenario podía parecer aceptable. Pero marcó un límite propio de la exigencia del club. "Perder una final no puede hacer bueno ningún balance", afirmó.
Luego completó el diagnóstico: "El plantel era balanceado, pero los malos rendimientos de los jugadores hizo que no pudiéramos coronar el título".
Referentes, contratos y margen de decisión
La reestructuración también toca situaciones sensibles. Di Carlo habló de referentes como Franco Armani y Juan Fernando Quintero con un tono distinto al que usó para el resto del plantel. En ambos casos, remarcó que se ganaron un margen especial para definir su futuro junto con el club.
Sobre Armani, dijo que tiene contrato y lo definió como un ícono, el jugador más ganador de la historia de River. En el caso de Quintero, sostuvo que aplica el mismo criterio: a la vuelta del Mundial hablarán y decidirán en conjunto. La frase sintetizó el equilibrio que la dirigencia intenta sostener entre la depuración deportiva y el respeto por ciertos nombres de peso histórico.
También se refirió a Marcos Acuña, que no es parte de la lista de Lionel Scaloni para el Mundial de EEUU, Canadá y México. "Me sorprendió porque el nivel de Acuña es descollante. Pero no es oportuno que yo opine sobre esto", señaló.
El Monumental y el otro frente de discusión
Di Carlo también respondió a quienes contraponen las obras del estadio con el rendimiento futbolístico. El presidente defendió la inversión en infraestructura y aseguró que el proyecto del Monumental techado no compite con el presupuesto destinado al plantel profesional.
"River va a jugar bien al fútbol porque nos vamos a reforzar y renovar el plantel, y va a ocurrir en lo inmediato. Y River va a tener su estadio nuevo en dos años y medio", afirmó.
El dirigente sostuvo que las obras se financian con fuentes externas al presupuesto del fútbol y defendió el proceso de transformación del estadio. Para la conducción, el desafío consiste en sostener el crecimiento patrimonial sin resignar competitividad deportiva. La final perdida expuso la parte más urgente de esa ecuación: el equipo necesita respuestas ya.
La frase más fuerte quedó instalada como hoja de ruta del semestre. River no solo buscará refuerzos. Primero deberá abrir espacio, asumir pérdidas si hace falta y cortar contratos que la dirigencia considera parte de una situación insostenible. En Núñez, la reconstrucción ya no se anuncia como una corrección: se anuncia como una poda inminente.