La industria argentina atraviesa un escenario de fuerte tensión y las proyecciones para este año anticipan un posible cierre de más de 3000 empresas del sector, con una pérdida estimada de 105.000 puestos de trabajo entre empleos directos e indirectos.
Según un relevamiento privado elaborado a partir de datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), desde diciembre de 2023 hasta abril de 2026 dejaron de operar 3759 compañías industriales en el país. Solo en los primeros meses de este año se registró la baja de más de mil firmas.
El informe señala que, de mantenerse la tendencia actual, otras 2000 empresas podrían verse obligadas a cerrar o suspender sus actividades durante los próximos meses. La situación también impactaría en el empleo: ya se contabilizan cerca de 90.000 puestos industriales directos menos y unos 60.000 indirectos perdidos.
El panorama se da en un contexto marcado por una baja utilización de la capacidad instalada. En promedio, las fábricas trabajan con alrededor del 60% de su potencial, mientras varios sectores acumulan caídas importantes en comparación con sus niveles históricos.
Entre las ramas más afectadas aparecen la industria textil, indumentaria, cuero y calzado, además de sectores vinculados a maquinaria, equipos, automotriz y autopartista. En varios casos, las bajas registradas durante los primeros meses del año alcanzaron niveles de dos dígitos.
El escenario también genera preocupación en las provincias con actividad industrial, donde pequeñas y medianas empresas enfrentan dificultades para sostener costos, inversiones y puestos laborales. En regiones como Salta, el impacto se observa especialmente en sectores vinculados a la producción, manufactura y cadenas de proveedores que dependen del movimiento económico nacional.
Los especialistas que analizaron los datos describen una combinación de factores que presiona sobre las empresas: una demanda interna debilitada, mayores costos medidos en dólares, competencia externa y dificultades para acceder al financiamiento.
La actividad manufacturera acumula una caída y los indicadores recientes muestran que la recuperación todavía no logra consolidarse. Distintos sectores industriales permanecen por debajo de los niveles registrados en años anteriores, mientras empresarios reclaman condiciones que permitan mejorar la competitividad.
La situación abrió además un debate entre el Gobierno nacional y representantes del sector fabril sobre el rumbo de la política económica, especialmente en torno a la apertura comercial, el tipo de cambio y las medidas necesarias para impulsar la producción.
Desde las entidades industriales sostienen que el objetivo no es mantener privilegios, sino contar con condiciones similares para competir en el mercado interno y externo. Entre los principales reclamos aparecen la reducción de costos, mejoras en infraestructura, acceso al crédito y medidas contra la competencia desleal.
Mientras continúa la discusión sobre el futuro del sector, las empresas industriales enfrentan un período decisivo para sostener su actividad y evitar una mayor pérdida de empleo productivo.