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ENDEUDAMIENTO

Crece la morosidad en Argentina: más del 9% de las familias no puede pagar sus deudas bancarias

Los atrasos en préstamos personales treparon al 12% y las tarjetas de crédito también muestran un fuerte deterioro.

Crece la morosidad en Argentina: más del 9% de las familias no puede pagar sus deudas bancarias

La morosidad de las familias argentinas volvió a subir y ya supera el 9% en los préstamos bancarios, marcando un nuevo récord desde que el Banco Central comenzó a medir la serie en 2010. El dato refleja el creciente nivel de endeudamiento y las dificultades que enfrentan miles de hogares para cumplir con sus compromisos financieros en un contexto de ingresos que no logran acompañar el ritmo de las cuotas.

De acuerdo con las estadísticas oficiales del Banco Central de la República Argentina, la morosidad general del sector privado llegó al 5,5% en diciembre de 2025. Sin embargo, el mayor deterioro se registró en los préstamos otorgados a familias, donde los atrasos alcanzaron el 9,3%, el nivel más alto de toda la serie histórica.

El salto fue significativo: en apenas un mes, la morosidad de los hogares subió medio punto porcentual, mientras que en la comparación interanual el incremento fue de 6,7 puntos. Esto significa que el problema no es aislado ni coyuntural, sino que viene profundizándose mes a mes a lo largo de 2025.

Las líneas más comprometidas son las destinadas al consumo. Los préstamos personales, una herramienta ampliamente utilizada para cubrir gastos corrientes o afrontar emergencias, muestran el peor desempeño: el 12% del total presenta atrasos. En términos concretos, prácticamente se cuadruplicó la tasa de mora respecto de un año atrás, cuando se ubicaba en apenas 3,3%.

Las tarjetas de crédito tampoco escaparon al deterioro. En diciembre, el 9,3% de las financiaciones con plástico registró incumplimientos, acumulando una suba de 7,4 puntos porcentuales en doce meses. Para muchas familias, la tarjeta fue el salvavidas frente a la pérdida de poder adquisitivo, pero el financiamiento en cuotas se convirtió en una carga difícil de sostener cuando las tasas y los saldos pendientes comenzaron a pesar cada vez más.

En Salta y el NOA, donde el empleo informal y los ingresos variables tienen un peso importante en la economía regional, la situación se siente con fuerza. Comerciantes y entidades financieras reconocen que creció el número de clientes que refinancian saldos o directamente dejan de pagar en término. Si bien las estadísticas del Banco Central son nacionales, el impacto se replica en las provincias, especialmente en contextos de consumo retraído y menor actividad económica.

Los préstamos con garantía real presentan niveles de mora más bajos, aunque también en ascenso. En el caso de los hipotecarios, la irregularidad llegó al 1,2% en diciembre de 2025, apenas por encima del 1% registrado un año antes. Si bien el porcentaje es reducido en comparación con otras líneas, la tendencia muestra un deterioro progresivo.

Más complejo es el panorama en los créditos prendarios, utilizados principalmente para la compra de vehículos. Allí la morosidad alcanzó el 5,8% en el último mes del año, tras subir 2,2 puntos porcentuales en doce meses. Dentro de ese segmento, los prendarios ajustados por UVA muestran un comportamiento aún más delicado: la mora llegó al 7,5% en diciembre, luego de escalar 4,7 puntos en un año.

El incremento en los atrasos no es un fenómeno aislado. Especialistas en finanzas explican que uno de los factores determinantes fue el descalce entre la cuota asumida al momento de tomar el crédito y la evolución real de los ingresos. Muchas familias proyectaron una mejora salarial que no se concretó o que quedó por debajo de la inflación y el aumento del costo de vida. Como resultado, el peso de la cuota sobre el ingreso mensual se volvió cada vez más difícil de sostener.

En un escenario de inflación persistente, suba de tarifas y encarecimiento de bienes básicos, los hogares priorizan gastos esenciales como alimentos, alquiler y servicios, dejando en segundo plano el pago de préstamos. Esa dinámica impacta de lleno en los indicadores de morosidad bancaria.

El crecimiento del endeudamiento también estuvo impulsado por la reactivación del crédito durante el último año. Con una mayor oferta de financiamiento y promociones en cuotas, muchos consumidores volvieron a recurrir al sistema financiero. Sin embargo, el contexto macroeconómico inestable y la pérdida de poder adquisitivo terminaron tensionando la capacidad de repago.

Para el sistema financiero, el aumento de la mora implica mayores previsiones y un seguimiento más estricto de las carteras de crédito. Para las familias, en cambio, significa enfrentar intereses punitorios, restricciones para acceder a nuevo financiamiento y, en algunos casos, el ingreso a bases de datos de deudores.

En provincias como Salta, donde el consumo interno es un motor clave para la actividad comercial, el deterioro en la cadena de pagos puede tener un efecto dominó. Si las familias dejan de pagar créditos o refinancian de manera permanente, se reduce su margen para nuevas compras, lo que impacta directamente en el comercio local y en las pymes.

El dato de que más del 9% de los hogares tenga dificultades para cumplir con sus deudas bancarias en Argentina marca una señal de alerta para la economía. La evolución de los ingresos reales, las tasas de interés y el acceso al crédito serán variables determinantes para saber si la morosidad logra estabilizarse en los próximos meses o si continuará en ascenso.

Por ahora, las cifras oficiales muestran una tendencia clara: 2025 cerró con el nivel de mora más alto en más de una década para las familias, con especial impacto en préstamos personales y tarjetas de crédito. Un reflejo directo de la presión que sienten los bolsillos en todo el país.


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