El Gobierno oficializó la flexibilización de los créditos en dólares para empresas mediante el DNU 736, publicado en el Boletín Oficial. La medida amplía las posibilidades de financiamiento y permite que los bancos destinen hasta el 15% de los depósitos en moneda extranjera a préstamos para compañías que no necesariamente tengan ingresos en dólares.
La nueva normativa modifica una regulación vigente desde después de la crisis de 2001, que restringía los préstamos en moneda extranjera principalmente a empresas con capacidad de generar ingresos vinculados al dólar. Con el cambio, el sistema financiero tendrá mayor margen para utilizar los depósitos recibidos en esa moneda.
El objetivo del Gobierno es ampliar la oferta de crédito para el sector privado y facilitar el acceso al financiamiento. Según las estimaciones oficiales, la modificación podría generar entre US$6.000 y US$10.000 millones adicionales para empresas que no son exportadoras.
Hasta ahora, las entidades bancarias tenían fuertes limitaciones para prestar dólares a compañías que no contaban con ingresos en esa moneda. La nueva regla permite ampliar ese universo, aunque la operatoria quedará sujeta a las condiciones que establezca el Banco Central.
La medida también contempla que los bancos puedan financiar a empresas exportadoras o a compañías que cuenten con determinadas garantías vinculadas al comercio exterior. De esta manera, se busca ampliar el destino de los fondos que permanecen depositados en moneda extranjera dentro del sistema financiero.
Uno de los puntos centrales de la normativa es qué ocurrirá con los dólares una vez otorgado el préstamo. Las empresas que accedan a estos créditos deberán liquidar los fondos en el Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) y convertirlos a pesos. De esta manera, el financiamiento en dólares podrá utilizarse para fortalecer la actividad económica sin generar necesariamente una mayor circulación de divisas en el mercado local.
La flexibilización no modifica las condiciones de los ahorristas que tienen dólares depositados en los bancos. Los clientes particulares mantienen el mismo acceso a sus fondos y la nueva normativa no cambia sus derechos sobre los depósitos.
El cambio apunta específicamente a la relación entre las entidades financieras y las personas jurídicas. El Gobierno busca así aprovechar una mayor cantidad de dólares que permanecen dentro del sistema bancario y que, hasta ahora, no podían colocarse con la misma facilidad.
En los últimos años, los depósitos en dólares crecieron de manera significativa. Según los datos mencionados por funcionarios del área económica, pasaron de unos US$23.000 millones a aproximadamente US$40.000 millones. Sin embargo, los bancos todavía tenían una parte importante de esos fondos sin colocar debido a las restricciones existentes.
La flexibilización del crédito en dólares apunta, precisamente, a reducir esa diferencia entre los depósitos y los préstamos. Para las empresas, el cambio puede representar una nueva alternativa de financiamiento en un contexto en el que el acceso al crédito continúa siendo un factor clave para sostener inversiones, capital de trabajo y crecimiento.
La implementación definitiva dependerá de la normativa que emita el Banco Central, que deberá establecer las condiciones bajo las cuales las entidades podrán otorgar estos nuevos préstamos.